Esta etapa marca una auténtica revolución en la historia de nuestro planeta: se enriqueció la atmósfera con oxígeno, surgieron las primeras células complejas y, al final del eón, aparecieron los primeros organismos pluricelulares. También fue una época de extremos climáticos, con glaciaciones que envolvieron al mundo en hielo.
¿Cuándo ocurrió?
El Eón Proterozoico se extiende desde hace unos 2.500 millones de años hasta los 541 millones de años, justo antes del comienzo del Eón Fanerozoico, cuando la vida explotará en diversidad. Durante este largo periodo, la Tierra pasó de ser un planeta dominado por bacterias a un mundo donde ya existían seres vivos con estructuras celulares complejas y pluricelulares.
La Gran Oxigenación: respirar por primera vez
Uno de los eventos más significativos de este eón ocurrió hace unos 2.400 millones de años: la Gran Oxigenación. Hasta entonces, la atmósfera terrestre prácticamente no contenía oxígeno libre. Pero las cianobacterias, que ya llevaban millones de años realizando la fotosíntesis, comenzaron a liberar tanto oxígeno que éste no pudo seguir reaccionando con minerales del entorno y empezó a acumularse en la atmósfera.
Aunque los niveles de oxígeno atmosférico solo alcanzaron aproximadamente el 1% (hoy en día están cerca del 21%), este cambio fue suficiente para transformar radicalmente la química del planeta. Permitió el desarrollo de la respiración aerobia, una forma de obtener energía mucho más eficiente que la fermentación, y alteró también los océanos y la corteza terrestre.
Uno de los registros geológicos más evidentes de este evento son las formaciones de capas rojas (Red Beds), ricas en hematites (óxido de hierro). Estas rocas se forman únicamente en presencia de oxígeno libre, y su aparición en masa nos indica que el planeta había cambiado para siempre.
Las primeras células complejas: el nacimiento de las eucariotas
Tras la Gran Oxigenación, algunos microorganismos aprovecharon ese nuevo entorno para dar un salto evolutivo crucial. Hace unos 2.100 millones de años, surgieron las primeras células eucariotas, aquellas que tienen un núcleo definido y orgánulos especializados (como mitocondrias y cloroplastos). Este cambio marcó el inicio de la complejidad biológica.
Según la teoría de la endosimbiosis, propuesta por Lynn Margulis, estas células habrían surgido cuando una célula procariota más grande «engulló» a otras más pequeñas sin digerirlas. Con el tiempo, estas células internas se volvieron simbiontes permanentes, evolucionando hasta formar parte de la célula anfitriona.
El proceso fue probablemente favorecido por la cooperación entre microorganismos mediante nutrición sintrófica, es decir, el intercambio de compuestos metabólicos beneficiosos entre ellos.
El fósil más antiguo atribuido a un organismo eucariota se llama Shuiyousphaeridium y tiene una antigüedad de 1.800 millones de años.
Tierra Bola de Nieve: el planeta congelado
Aunque el oxígeno trajo grandes avances, también condujo a momentos extremos. Uno de ellos fue la glaciación global del Criogénico, entre los 720 y 635 millones de años atrás. Durante este tiempo, la Tierra vivió uno de los periodos más fríos de toda su historia: el planeta quedó completamente cubierto de hielo, incluso hasta el ecuador.
Esta hipotética pero ampliamente aceptada situación ha sido bautizada como «Tierra Bola de Nieve». Las corrientes oceánicas se detuvieron, el clima se volvió hostil y la vida, una vez más, tuvo que adaptarse a condiciones extremas.
La prueba más clara de esta mega-glaciación son las diamictitas, rocas formadas por la acumulación de grandes bloques transportados por icebergs, que se depositaron en los fondos marinos al derretirse.
¿Cómo se salió de esta situación? Gracias, probablemente, a la actividad volcánica, que liberó enormes cantidades de dióxido de carbono, generando un efecto invernadero que ayudó a descongelar el planeta.
Biota de Ediacara: el ensayo de los animales
Al final del Proterozoico, hace unos 558 millones de años, encontramos los primeros indicios de vida pluricelular organizada: la enigmática Biota de Ediacara. Estos organismos marinos vivían en aguas poco profundas y no tenían partes duras, por lo que no dejaron fósiles esqueléticos, sino impresiones en los sedimentos.
Eran seres blandos, con formas variadas: unos parecían colchonetas (Dickinsonia), otros hojas (Charnia). Aunque aún se debate si realmente eran animales como los que conocemos hoy, marcan sin duda un hito en la evolución de la vida compleja.
Su descubrimiento, en las colinas de Ediacara, Australia, abrió un intenso debate científico: ¿qué hace que un ser vivo sea considerado “animal”? ¿Tener boca? ¿Moverse? ¿Tener simetría?
El mundo se prepara para la explosión
El Eón Proterozoico fue una etapa de grandes transformaciones: la atmósfera se oxigenó, las células evolucionaron, hubo glaciaciones globales y surgieron los primeros seres pluricelulares. Todo ello sentó las bases para la explosión de vida que vendrá después, ya en el Fanerozoico, cuando los mares se llenarán de criaturas con esqueletos, ojos, extremidades y una biodiversidad nunca vista.
¿Te imaginas un planeta cubierto de hielo hasta los trópicos? ¿O microorganismos que inventan el oxígeno sin saberlo? El Proterozoico nos demuestra que, a veces, los mayores cambios ocurren de forma lenta y silenciosa. ¡Sigue leyendo nuestro blog para conocer el siguiente capítulo de la historia de la Tierra!