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Abecevidas | Josefina Castellví i Piulachs

Dedicamos esta abecevida a Josefina Castellví i Piulachs (Barcelona, 1935-2026), una de las figuras más relevantes de la investigación polar española. Su trayectoria combinó la investigación básica, la gestión científica y la divulgación del valor ecológico y climático de los ecosistemas polares.
Como otros años, con este retrato alfabético queremos participar en la iniciativa de escritura creativa del mes de febrero 2026 de Café Hypatia: mujer y ciencia. #PVmujerciencia26 #11F #Polivulgadoras

Amaba Barcelona, la ciudad donde nació y desarrolló su formación científica inicial.

Base Antártica Española Juan Carlos I es la estación científica que dirigió entre 1989 y 1993, participando posteriormente en la consolidación del programa antártico español.

Qué se ve en general
Fotografía en color, tomada en exterior, en un paisaje frío y rocoso. Al fondo hay una ladera de montaña gris con pequeñas manchas de nieve. El terreno es de piedras oscuras, sin vegetación.

Personas y posición
Aparecen cinco personas con ropa de trabajo para clima extremo (monos gruesos azul marino con zonas rojas y blancas, y parches circulares en el pecho).

Cuatro están de pie, alineadas delante de un módulo de la base.

Una persona está sentada en el suelo, en el centro inferior de la imagen, apoyada en el módulo, con las piernas estiradas hacia delante.

Elemento principal: el edificio/módulo
Detrás del grupo hay un módulo rectangular prefabricado, de color claro con marcos marrones. En la pared frontal se lee, en letras grandes rojas:

“ESTACION ANTARTICA ESPAÑOLA ‘JUAN CARLOS-I’”

En la parte superior del módulo hay una ventana grande con un emblema circular pegado en el cristal (con un dibujo en tonos claros y azulados).

Objetos y detalles del entorno
A la derecha, apoyado en el suelo y contra el módulo, se ve un panel rectangular con muchos círculos oscuros repetidos (aspecto de placa solar o panel técnico).
A la izquierda y al fondo aparecen otros módulos o construcciones de la base, en colores rojo y beige, también rectangulares.

Impresión general de la escena
La imagen transmite un momento de equipo de trabajo en una base antártica, con el grupo posando de manera informal frente al rótulo identificativo de la estación.
En 1988 participó junto con Antoni Ballester en la instalación de la Base Antártica Española Juan Carlos I, que dirigió entre 1989 y 1993. Entre 1989 y 1995 fue Directora del Programa Nacional de Investigación Antártica. Créditos: ICM-CSIC.

Ciencias del Mar es el nombre del instituto del CSIC donde desarrolló más de cuatro décadas de investigación en oceanografía biológica y microbiología marina.

Durante décadas se dedicó a reivindicar la conservación de la Antártida por ser un lugar clave para entender el clima y la vida a escala planetaria.

Estudió Biología en la Universidad de Barcelona, donde se doctoró en 1969 con una tesis considerada pionera en la oceanografía biológica española.

Qué se ve en general
Fotografía en blanco y negro, en interior, tomada en un laboratorio. La escena muestra una mesa de trabajo larga y una pared al fondo cubierta con azulejos cuadrados claros.

Persona y postura
A la derecha aparece Josefina Castellví i Piulachs, una mujer joven con pelo corto y ondulado, vestida con bata clara de laboratorio de manga corta. Está de pie, ligeramente inclinada hacia la mesa, y mira con atención lo que está haciendo. Lleva un reloj en la muñeca izquierda.

Acción principal
Josefina sostiene una pipeta larga con la mano derecha y la usa para transferir líquido a un recipiente pequeño que sujeta con la otra mano, como parte de un trabajo de preparación o análisis de muestras.

Objetos y organización de la mesa
En el centro de la mesa hay una gradilla metálica con muchas probetas o tubos de ensayo altos, colocados en filas. En primer plano (parte inferior de la imagen) se ven varios recipientes cilíndricos con tapa, alineados y desenfocados.
A la izquierda se aprecia un recipiente grande de vidrio y, detrás, distintos materiales de laboratorio.

Fondo y detalles del entorno
En la pared del fondo se distinguen tuberías y un panel o aparato con un indicador circular (parecido a un manómetro). También se ven objetos de apoyo, como un cesto, una planta y otros recipientes, que dan sensación de laboratorio de época.

Impresión general
La imagen muestra una escena de trabajo científico cotidiano, centrada en la manipulación cuidadosa de muestras en el laboratorio.
Josefina Castellví i Piulachs comenzó a trabajar en el Instituto de Ciencias del Mar en 1960 (entonces conocido como Instituto de Investigaciones Pesqueras) el cual llegó a dirigir entre los años 1994 y 1995. Créditos: ICM-CSIC.

Francia fue el país donde realizó estudios de posgrado. En la Universidad de la Sorbona adquirió técnicas avanzadas de bacteriología marina que introdujo posteriormente en España.

Gracias a sus investigaciones, la microbiología marina polar experimentó un avance que quedó reflejado en más de setenta artículos científicos.  

Hizo estudios con microorganismos extremófilos, anticipando aspectos de la astrobiología moderna.

Isla Livingston fue el lugar donde el 27 de diciembre de 1986 ayudó a montar la primera base científica polar española.

Qué se ve en general
Fotografía en color tomada en exterior, en un entorno frío y rocoso. El suelo es de piedras oscuras y alrededor se ven parches de nieve sobre el terreno y en las laderas del fondo.

Elemento principal: la tienda
En el centro de la imagen hay una tienda de campaña grande con la entrada abierta. La lona exterior es oscura (verde muy oscuro o negra) y el interior se ve amarillento, como si fuese una doble capa. La tienda está sujeta con cuerdas tensas que salen en varias direcciones y se anclan al suelo.

Personas y posición
Dentro de la tienda, en la entrada, aparecen tres personas sentadas en el suelo, juntas y mirando hacia la cámara. Llevan ropa de abrigo similar (monos o trajes de expedición en tonos oscuros, con detalles rojos).

La persona de la izquierda tiene el pelo corto y claro o canoso.

La persona del centro tiene barba blanca y parece ir muy abrigada.

La persona de la derecha también lleva ropa de expedición y está sentada con las piernas dobladas, con las manos juntas delante.

Objetos alrededor
En el suelo, junto a la entrada, hay bultos y material: a la derecha destaca una bolsa o saco rojo grande. A la izquierda se ven objetos pequeños y paquetes claros, como material de campamento o provisiones.

Texto visible
En la parte superior frontal de la tienda cuelga un cartel rectangular claro con texto escrito a mano. No se distingue con total nitidez, pero parece incluir la palabra “CSIC”.

Impresión general de la escena
La imagen sugiere una situación de campamento científico en condiciones austeras: la tienda funciona como refugio y punto de trabajo en un paisaje polar de roca y nieve.
Primera instalación científica española en la isla Livingston durante el verano austral 1986-1987. Créditos: ICM-CSIC.

Junto con Marta Estrada Miyares, fue en 1984 la primera española en participar en una expedición internacional en la Antártida.

Katabatic Wind es como se llama el viento frío extremo que barre la Antártida condicionando las operaciones científicas y logísticas, pero que no amedrentó su determinación exploradora.

La primera vez que intentó participar en una expedición oceanográfica, el responsable dijo: “Hijita, se equivoca usted, ¡esto no es para mujeres!”; un ejemplo de las barreras estructurales que limitaron durante décadas el acceso femenino a la oceanografía de campaña.

Medicina es la primera carrera que intentó estudiar, siguiendo los pasos de su padre, pero perdió la vocación. Para compensar el tiempo perdido completó dos cursos de Biología en un solo año antes de licenciarse en 1957.

Qué se ve en general
Fotografía en color tomada en exterior, en un paisaje costero frío. La imagen está dominada por una roca grande y oscura, cubierta de líquenes en tonos verdosos y blanquecinos. A la izquierda, entre dos paredes de roca, se abre un pasillo estrecho que deja ver el mar y una franja de costa pedregosa.

Elemento principal: la placa conmemorativa
En la parte derecha de la imagen, fijada a la roca, hay una placa metálica rectangular de color oscuro, con letras en relieve de color claro. La placa está colocada en ligera diagonal, como inclinada hacia la cámara. En la esquina superior izquierda aparece un pequeño emblema grabado.

Texto legible en la placa
El texto, en mayúsculas, indica una fecha y conmemora el primer campamento español. Se lee:

“DIA 27 DICIEMBRE 1986”

“INSTALÓ AQUÍ EL PRIMER CAMPAMENTO ANTÁRTICO ESPAÑOL”

“EL EQUIPO CIENTÍFICO DEL CONSEJO SUPERIOR DE INVESTIGACIONES CIENTÍFICAS”

“COMPUESTO POR:”

“ANTONI BALLESTER”

“JOSEFINA CASTELLVÍ”

“JOAN ROVIRA”

“AGUSTÍ JULIÀ”

Entorno y sensación de lugar
La combinación de roca húmeda con líquenes, costa pedregosa y mar al fondo refuerza la idea de un punto de desembarco o campamento en un entorno remoto.
Placa conmemorativa del primer campamento español en Isla Livingston. Créditos: ICM-CSIC.

Naturalista en el más amplio sentido de la palabra, además de estudiar el microbioma polar, se interesó por el estudio del paleoclima y los ciclos biogeoquímicos.

Observaba la naturaleza con curiosidad y respeto. Se abstraía contemplando los icebergs y la encantaban los pingüinos.

Qué se ve en general
Fotografía en color tomada en exterior, con un ambiente de frío intenso. El fondo es oscuro y uniforme, y se ven pequeños copos o partículas blancas en el aire, como nieve o ventisca ligera.

Persona y encuadre
En primer plano aparece Josefina Castellví, vista de perfil, orientada hacia la derecha. Ocupa casi toda la imagen. Su expresión es de concentración, con la mirada dirigida a un objeto que tiene delante.

Ropa y protección contra el frío
Josefina lleva un anorak grueso rojo con franjas claras en las mangas y el pecho, y un gorro blanco de lana con un dibujo geométrico azul en la parte superior. Del gorro cuelgan orejeras o cordones con pompones. También lleva una bufanda o prenda blanca alrededor del cuello.

Acción principal
Josefina está manipulando una caja o contenedor blanco de aspecto rígido (parece poliestireno o material aislante). La sostiene con una mano y con la otra introduce o ajusta un objeto fino (como un lápiz, varilla o herramienta pequeña) en una abertura o borde del contenedor, como si estuviera abriendo, comprobando o preparando el contenido.

Objetos y detalles adicionales
El contenedor blanco está colocado sobre una superficie oscura, posiblemente una caja, una mesa de campo o un equipo de transporte. En el lateral del contenedor se ven gomas o cuerdas oscuras enrolladas o sujetas, que parecen servir para asegurar la tapa o fijarlo durante el traslado.

Impresión general
La imagen transmite una escena de trabajo científico de campo en condiciones difíciles, con Josefina realizando una tarea manual precisa mientras cae nieve.
Josefina Castellví trabajando en la Antártida. Créditos: ICM-CSIC.

Participó en más de 30 campañas oceanográficas y fue la primera mujer en dirigir una base científica en la Antártida.

Quiso salvar el que fuera su primer laboratorio, un sencillo contenedor de 6 metros de largo que hoy se conserva en el Museo de la Ciencia CosmoCaixa de Barcelona.

Qué se ve en general
Fotografía en color de un laboratorio pequeño y estrecho, visto desde la entrada como un pasillo. La cámara está centrada, mostrando el espacio en perspectiva hacia el fondo. El laboratorio está bien iluminado por una luz rectangular en el techo.

Distribución del espacio
Hay mesas de trabajo a ambos lados: una a la izquierda y otra a la derecha, con armarios y cajones debajo. En cada lado hay sillas giratorias negras con ruedas, colocadas junto a las mesas. El suelo es liso, de color beige.

Ventana y vista exterior
Al fondo, ocupando casi toda la pared, hay una ventana grande. A través de ella se ve el mar en calma, una franja de costa pedregosa y un cielo claro con nubes suaves. Cerca de la orilla se distingue una roca oscura prominente.

Material y equipos (lado izquierdo)
Sobre la mesa izquierda hay material de vidrio de laboratorio: recipientes transparentes, tubos y soportes metálicos con pinzas. También se ve una estantería pequeña con más utensilios y frascos. La pared tiene algunos papeles o fotos pequeñas pegadas.

Material y equipos (lado derecho)
En la mesa derecha hay equipos de laboratorio más voluminosos, de aspecto instrumental, con botones o mandos. También aparece un frasco pequeño ámbar (marrón) y otros recipientes. En la pared derecha hay varias fotografías o láminas colocadas en fila.

Zona central del fondo
Debajo de la ventana hay una mesa o repisa con un monitor pequeño y un equipo rectangular. En el suelo, centrada, hay una caja metálica grande con aspecto de contenedor de transporte, con una pegatina o emblema en el frontal.

Impresión general
La imagen muestra un laboratorio funcional, compacto y ordenado, con la particularidad de la gran ventana con vista directa al mar, que sitúa el trabajo científico en un entorno polar costero.
Laboratorio original de Josefina Castellví en la Antártida, actualmente en el Museo de la Ciencia Cosmocaixa. Fuente: Fundación La Caixa y Wikipedia Commons.

Recibió numerosos galardones por su trabajo, entre ellos la Medalla de Oro al Mérito Científico del Ayuntamiento de Barcelona (1996), la Medalla Narcís Monturiol al Mérito Científico y Tecnológico de la Generalitat de Cataluña (1996), la Creu de Sant Jordi de la Generalitat (2003) y el Premio de Medio Ambiente del Institut d’Estudis Catalans (2006).

Se enamoró del mar cuando siendo niña sus padres la llevaron a la playa de Castelldefels.

Trabajó con Ramón Margalef, primer catedrático de Ecología en España, quien estimuló su vocación por la investigación científica.

Una montaña de la Isla Livingston se llama Pico Castellví en su honor.

Qué se ve en general
Fotografía en color de un paisaje polar abierto. En primer plano domina una gran extensión de nieve lisa, casi uniforme, que ocupa aproximadamente la mitad inferior de la imagen.

Elemento principal: el pico
En el centro se eleva un macizo rocoso oscuro con forma de pico. La roca es casi negra o gris muy oscuro y está marcada por manchas y franjas de nieve que se acumulan en grietas y laderas, creando un contraste fuerte entre blanco y oscuro. La cumbre es irregular y afilada, con varios salientes, y a la derecha se prolonga en una cresta más baja.

Fondo: cielo y atmósfera
El cielo ocupa la mitad superior de la imagen y es de color azul pálido, con bandas finas de nubes horizontales. No se ven personas, edificios ni vegetación.

Impresión general
La escena transmite aislamiento y amplitud: un pico rocoso emergiendo sobre una planicie nevada, en un entorno frío y silencioso.

El pico Castellvi se eleva a 350 m en la península Hurd, Isla Livingston. Fuente: Wikipedia Commons.

Volvió a la Antártida con casi 80 años de edad para rodar el documental Los recuerdos del hielo, con el equipo del cineasta Albert Solé.

Women in Science: su trabajo abrió camino a generaciones de investigadoras de todo el mundo, rompiendo el techo de cristal en un entorno históricamente masculino.

Xenófila por vocación, su amplitud de miras y capacidad de trabajo fueron claves para integrar a España en el Tratado Antártico.

Qué se ve en general
Fotografía en color, tipo fotograma de documental, tomada en un entorno marino frío. El fondo muestra agua gris con oleaje suave y un cielo pálido.

Persona y encuadre
En primer plano aparece Pepita Castellví (Josefina Castellví), una mujer mayor, encuadrada de pecho hacia arriba. Tiene el pelo blanco, corto y con volumen, algo despeinado por el viento. Su rostro está girado ligeramente hacia la izquierda y su expresión es serena y pensativa, como si estuviera observando algo fuera de plano.

Ropa y equipo
Lleva una chaqueta gruesa de color rojo intenso con detalles negros y cierres visibles. En la parte frontal se ven correas, costuras y un gran panel claro rectangular, como un parche reflectante o identificativo. El cuello está subido y acolchado, indicando protección contra el frío y el viento.

Fondo: barco
A la derecha, en segundo plano y desenfocado, se distingue un barco grande rojo sobre el mar. El barco aparece algo borroso por la profundidad de campo, pero su color y forma destacan claramente.

Impresión general
La escena transmite un momento de viaje y despedida en un entorno antártico: Pepita en primer plano, abrigada, con el mar y un barco de apoyo al fondo.
Último viaje de Pepita Castellví a la Antártida, en diciembre de 2012-enero de 2013. Fuente: fotograma de Els records glaçats (Los recuerdos del hielo), un documental de Albert Solé / ACN.

Yo he vivido en la Antártida es el libro que escribió junto a la ilustradora Yolanda González en 2023, donde reflexiona: “Me pregunto si esta experiencia de vida en la Antártida, por lo menos la que yo he vivido, no puede considerarse como un experimento sobre un modelo de sociedad, deseable para el futuro de la humanidad, que estuviera basado en la paz, la tolerancia, la comprensión y el respeto a la vida natural”.

Zonas heladas con vientos extremos forjaron la personalidad antártica de Pepita Castellví.

Qué se ve en general
Composición de tres mapas sobre fondo claro. Dos mapas pequeños están a la izquierda (uno arriba y otro abajo) y un mapa grande ocupa toda la parte derecha. La composición sirve para situar la isla Livingston, la Base Antártica Española Juan Carlos I y el pico Castellví.

1) Mapa superior izquierdo (visión regional)

Mapa esquemático con el título “ANTARCTICA” en un recuadro pequeño, donde se marca con un punto o cuadro rojo la zona aproximada del archipiélago cercano a la península Antártica.
En el mapa principal se muestran varias islas con sus nombres en mayúsculas: LIVINGSTON, GREENWICH, ROBERT, NELSON, KING GEORGE, SNOW, SMITH, LOW y DECEPTION.
La isla Livingston aparece destacada en rojo, mientras el resto está en blanco. También se leen nombres de mares o pasos: “DRAKE PASSAGE” y “BRANSFIELD STRAIT”.

2) Mapa inferior izquierdo (zoom en la isla)

Mapa sencillo con mar en azul y la isla Livingston en blanco.
Sobre la isla aparece un marcador rojo tipo chincheta con una etiqueta que señala la “Base Antártica Juan Carlos I” (texto pequeño). En la parte inferior se ve otra isla circular o en forma de anillo, etiquetada como Deception Island.

3) Mapa grande de la derecha (detalle topográfico de la zona)

Mapa topográfico en tonos verdes, marrones y azules, con líneas de contorno y números de altitud. Representa una península de la isla Livingston (aparece el texto curvado “Hurd Pen”, abreviatura de península Hurd) y una bahía con el nombre grande “False Bay”.
Se marcan accidentes costeros y montes, por ejemplo Henry Bluff, Salisbury Bluff, Sally Rocks, Napier Pk, Moores Pk, y varios otros nombres.

En el interior del mapa, cerca de un conjunto de curvas de nivel, aparece la etiqueta “Castellvi Pk 350”, indicando el Pico Castellví con altitud 350 metros.
También se ve señalado “Juan Carlos I (ESP)” cerca de la costa, indicando la ubicación de la Base Antártica Española Juan Carlos I.
En la zona izquierda-media aparece el texto “Sally Rocks Camp (BGR)”, señalando un campamento.
En la parte superior derecha del mapa se lee “Johnsons Dock”. En el mapa hay símbolos pequeños (cruces y un icono de pingüino) que marcan puntos de interés.
Mapas de situación de Isla Livingtone, la Base Antártica Española Juan Carlos I y el Pico Castellví. Fuente: Wikipedia Commons y Manfred Wörner Foundation, 2017

LAS CAUSAS DE LAS GLACIACIONES

AUTORES-  Gabriel Castilla Cañamero y Javier Pérez Tarruella

No discerní ningún color en las montañas, tan solo manchas apagadas negras y grises. No había vegetación ni vida, solo rocas, nieve y hielo. Al contemplar todo ese escarpado territorio virgen, no tuve más remedio que reírme de la arrogancia de cualquiera al que se le hubiera ocurrido que los seres humanos habían conquistado la Tierra.

Nando Parrado. Milagro en los Andes, 2006.

La última subdivisión de la escala de tiempo geológico es el Periodo Cuaternario y abarca los últimos 2.580.000 años de la historia de la Tierra. Este intervalo de tiempo es especial porque señala la aparición del género Homo en África y el comienzo de la glaciación en la que aún estamos inmersos. Así pues, el hilo conductor de la evolución humana son los 52 cambios ambientales cíclicos que han tenido lugar en el marco de esta glaciación (Figura 1), durante la cual se han venido alternando periodos de tiempo intensamente frío en los que las masas de hielo glaciar crecen, con periodos cálidos interglaciares en los que las masas de hielo retroceden o desaparecen de los continentes, tal y como está sucediendo en la actualidad.

Figura 1. Los estadios isotópicos marinos del Cuaternario, conocidos en la jerga científica como MIS (siglas de Marine Isotopes Stages), son periodos cíclicos de clima frío y cálido que han sido establecidos mediante relaciones isotópicas de oxígeno medidas en los caparazones de microorganismos (foraminíferos) marinos. Empiezan a numerarse (1 rojo) desde el comienzo del actual periodo cálido Holoceno (H), y es por ello que todos los números rojos son impares y representan episodios interglaciares, mientras que todos los números azules son pares y representan episodios glaciares. Para no saturar la figura solo se han señalado los 23 primeros y los dos últimos. Basado en Silva et al. (2017).

Vivimos en las postrimerías de un periodo interglaciar que comenzó hace 11.700 años y al que hemos bautizado con el término griego Holoceno (literalmente todo lo reciente). El Holoceno señala el tiempo que ha durado la ventana ambiental de temperaturas relativamente suaves (aún con algunos episodios notablemente fríos, como la Pequeña Edad del Hielo) que nos ha permitido pasar de un mundo de cazadores-recolectores nómadas a crear ciudades, imperios, innovaciones culturales y avances tecnológicos que han desembocado en el mundo tecno-científico globalizado en el que habitamos los seres humanos del siglo XXI.

Parece mucho tiempo porque han pasado muchas cosas importantes, pero en realidad el Holoceno representa menos del 4 % de nuestra historia como especie. Para entenderlo mejor fijémonos en un detalle: la H de Holoceno de la Figura 1 queda justo en el borde porque su representación en la escala gráfico-temporal del Cuaternario  (20 cm en la imagen original) ocupa apenas 1 milímetro dado que el 99% de nuestro tiempo en la Tierra ha transcurrido en la prehistoria.

La búsqueda de sentido

Una aclaración contra la creencia popular: llamamos glaciación al intervalo de tiempo de la historia terrestre en la que se forman masas de hielo permanentes en los polos, aunque las masas de hielo continental puedan retroceder hasta desaparecer, o bien todo lo contrario: avanzar y extenderse tal y como sucedió hace entre 30.000 y 20.000 años, durante el Último Máximo Glacial (Figura 2).

Figura 2. Proyección equiárea que permite ver la distribución de las masas de hielo durante el Último Máximo Glacial (MIS 2) en los dos hemisferios.  En este tiempo las masas de hielo marino (amarillo) y de hielo terrestre (rojo) avanzaron en ambos hemisferios, lo que supuso un descenso del nivel del mar de hasta 130 metros. Adaptado de Broecker y Denton (1990).

Pudiera parecer que la presencia de masas de hielo permanentes en las regiones polares es un hecho común, pero el registro geológico nos dice que no es así, pues solo ha habido glaciaciones durante el 10% de la historia de la Tierra (Figura 3).

Figura 3. La mayoría de las glaciaciones han tenido lugar en los últimos 900 millones de años, y solo en unas pocas ocasiones el hielo alcanzó la región ecuatorial. Estos episodios extremos se conocen como Tierra Blanca del Período Criogénico (o episodios Snowball Earth). Las glaciaciones más antiguas son las peor conocidas debido al menor registro geológico (vivimos en un planeta que tiende a borrar su historia). La actual glaciación Cuaternaria comenzó a gestarse hace unos 30 millones de años, por eso en la gráfica aparece como Neógena. Actualmente nos encontramos en una de las épocas más frías de los últimos 300 millones de años. Modificado de Anguita (2006).

Un satélite que mida la temperatura de la Tierra desde el espacio registrará una temperatura de -18 ºC en la parte alta de la atmósfera, aunque la temperatura media real de la superficie es de 15 ºC. ¿A qué responde esta diferencia? Llamamos balance radiativo a la relación entre la energía de onda corta procedente del Sol y la radiación de onda larga que sale del sistema climático terrestre. Como podemos ver en la Figura 4, la temperatura en la superficie terrestre depende en esencia del balance que se establece entre los mecanismos que tienden a enfriar el planeta (entre los que destaca el efecto albedo) y los que tienden a calentarlo (principalmente el efecto invernadero).

Figura 4. De toda la radiación de alta energía procedente del Sol (onda corta en color amarillo) que incide en la parte superior de la atmósfera, un 70% es absorbida por la superficie terrestre y por las nubes, pero el otro 30% es reflejada al espacio por el efecto albedo que ejercen las nubes altas, el polvo atmosférico y los materiales de superficie terrestre. La energía absorbida (onda larga en color rojo) se reemite en forma de calor. Una parte importante de este calor es atrapado por el vapor de agua de las nubes, el metano de origen bacteriano y el dióxido de carbono de los volcanes. Estos gases de efecto invernadero devuelven parte de la radiación a la superficie terrestre calentándola hasta alcanzar los 15 º C de media. Adaptado de Schneider (1989).

Conforme el estudio de la física atmosférica fue avanzando durante el pasado siglo XX, se fueron descubriendo relaciones causa-efecto entre los diversos factores reguladores del clima. La interacción entre ellos hace que el clima terrestre tienda a un equilibrio dinámico, o sea, que cambia según lo hacen las variables que lo controlan. Veamos los dos casos más significativos.

Un bucle para enfriar el planeta…

El principal motor que modula el clima de la Tierra es la radiación que nos llega procedente del Sol, y si por alguna razón disminuye, la consecuencia más probable será una disminución de la temperatura. Un enfriamiento del planeta suele conllevar la formación de nieve y hielo, lo que provoca un mayor albedo de la radiación hacia el espacio. Como podemos ver la Figura 5, el resultado será un bucle de retroalimentación positiva, es decir, una tendencia al enfriamiento.

Figura 5. Relaciones causales (causa-efecto) y el bucle de retroalimentación que tiende a enfriar el planeta. La radiación incidente puede disminuir tanto por cambios en la órbita terrestre como por variaciones en la actividad solar o la presencia de gran cantidad de polvo en la atmósfera (debido a erupciones volcánicas, impactos de asteroides o un aumento de la desertización). La consecuencia es una disminución de la temperatura que favorece la acumulación de hielo y un aumento del albedo, o sea, una disminución aún mayor de la radiación incidente y por tanto un mayor enfriamiento del planeta. Modificado de Calvo, Molina y Salvachúa (2009).

¿Qué procesos enfrían el planeta por cambios en la insolación? Básicamente tres:

1.- Las grandes erupciones volcánicas.

En este caso son las cenizas y los aerosoles de azufre inyectados en las capas altas de la atmósfera los responsables de aumentar el albedo. Se estima que la erupción del monte Tambora (Indonesia) en 1815, enfrió la Tierra entre 0.5 y 0.7ºC durante 3 años. 

2.- La disminución de la energía emitida por el Sol.

El ejemplo más reciente es el llamado Mínimo de Maunder, período comprendido entre 1645 y 1715 durante el cual las manchas solares desaparecieron. Este hecho coincide con uno de los episodios más fríos de la Pequeña Edad del Hielo,durante el cual la temperatura media del hemisferio Norte disminuyó hasta en 1 ºC.

3.- Los ciclos astronómicos de entre 23.000 y 100.000 años de duración.

Conocidos como Ciclos de Milankovitch, influyen en la excentricidad de la órbita terrestre, así como en la orientación e inclinación del eje de rotación. Estas perturbaciones apenas cambian la energía solar media anual que llega a la Tierra, pero alteran la distribución geográfica y estacional de la energía solar incidente hasta en un 20%, lo que afecta a la formación y fusión de las capas de hielo, y con ello al albedo.

…Y otro bucle para calentarlo

A largo plazo las erupciones volcánicas tienden a calentar el planeta debido a las emisiones de dióxido de carbono (CO2), el gas responsable del efecto invernadero que más tiempo permanece en la atmósfera. El aumento de la temperatura provoca un incremento de la evaporación, es decir, la formación de nubes de vapor de agua que también retienen el calor por el mismo motivo.

Figura 6. Los bucles de retroalimentación vinculados con el efecto invernadero, tanto por el aumento de la nubosidad (H2O vapor) como por los cambios asociados a la actividad volcánica (CO2) y la actividad biológica, principalmente metano (CH4) y óxidos de nitrógeno (N2O). El aumento de la temperatura provoca más evaporación y nubosidad, y por consiguiente un mayor efecto invernadero. Si bien la nubosidad tiende a calentar rápidamente la superficie terrestre, procesos como la lluvia tienden a retirar el vapor de agua y el CO2 de la atmósfera, estabilizando así el efecto invernadero a corto plazo. Modificado de Calvo, Molina y Salvachúa (2009).

La principal razón por la que la temperatura no se dispara con el efecto invernadero que ejercen las nubes es porque apenas permanecen unos días en la atmósfera. A escalas de tiempo superiores a los 500.000 años el principal modulador del efecto invernadero es el llamado ciclo geológico del carbonato-silicato (Figura 7).

Figura 7. El ciclo geoquímico del carbonato-silicato comienza cuando el COpresente en la atmósfera, por acción volcánica o de los seres vivos, se disuelve en el agua de lluvia y reacciona químicamente con rocas que contienen silicatos (como el granito, por ejemplo). Estas reacciones liberan iones de calcio y bicarbonato que los ríos transportan hasta el océano, donde serán usados por los organismos para construir caparazones de carbonato cálcico y la formación de calizas en aguas poco profundas. Los caparazones de muchos organismos pasan a formar parte del sedimento del fondo marino, donde se irán depositando. En el contexto de la tectónica de placas, estos sedimentos terminarán en márgenes continentales donde el vulcanismo asociado a la subducción volverá a liberar el CO2 a la atmósfera.

¿Qué procesos enfrían el planeta por disminución del efecto invernadero?

Básicamente dos:

1.-  Por efecto del calentamiento climático. Se da la paradoja de que a largo plazo el aumento de la temperatura media produce también un aumento de la temperatura de los océanos y con ello de la evaporación y de la formación de nubes y las consecuentes precipitaciones. Esto provoca un aumento de la erosión de rocas silíceas y por tanto la eliminación de CO2 dela atmósfera, disminuyendo así el efecto invernadero. En este sentido la erosión de la meseta del Tíbet, cuyos ríos aportan el 25% de los sedimentos que cada año llegan a los océanos, puede haber contribuido notablemente al enfriamiento de la Tierra durante los últimos 20 millones de años.

2. La precipitación de grandes cantidades de carbonato cálcico (CaCO3) inducido biológicamente en las plataformas marinas someras (formando arrecifes coralinos y caparazones), retira una gran cantidad de CO2 de la atmósfera, que se incorpora a la corteza terrestre en forma de roca caliza.

La redistribución del calor

Buena parte del calor que retiene la atmósfera por el efecto invernadero es redistribuido por las corrientes marinas superficiales por todo el planeta. Hace 55 millones de años, durante el Eoceno, la distribución de las masas continentales era muy diferente de la actual (Figura 8). África y el subcontinente indio aún no se habían unido a Eurasia, Norteamérica era un continente independiente y Sudamérica se encontraba más cerca de la Antártida. Esta configuración permitía que las corrientes oceánicas circunvalaran el planeta cerca del ecuador, redistribuyendo el calor de forma tan eficaz que la Antártida estaba poblada por bosques templados.

Figura 8. Disposición de los continentes hace unos 55 millones de años. Las flechas rojas señalan la dirección y sentido de las principales corrientes que redistribuían el calor por todo el planeta, suavizando notablemente las temperaturas. Este período de temperaturas cálidas se conoce como Óptimo Eoceno. Adaptado de Blakey (2020) y Anguita (2005).

El proceso de enfriamiento global que llega hasta la actualidad pudo comenzar hace 55 millones de años, cuando el desplazamiento de África hacia el norte cerró el paso de la corriente ecuatorial. Unos 25 millones de años después la Antártida se separó de Sudamérica y Australia, quedando aislada y rodeada de corrientes que la enfriaron hasta cubrirla de hielo (Figura 9). El proceso de reconfiguración de las corrientes culminó hace casi 3 millones de años, cuando el cierre del istmo de Panamá interrumpió definitivamente la circulación oceánica ecuatorial entre los océanos Atlántico y Pacífico, impidiendo así una redistribución eficaz del calor entre las principales masas de agua del planeta, lo que desencadenó el enfriamiento climático global que caracteriza al actual Periodo Cuaternario.

Figura 9. La Antártida no siempre ha sido el continente blanco que conocemos hoy. Hace 25 millones de años estaba poblada por bosques, pero hace 15 millones de años quedó cubierto por un casquete glaciar permanente parecido al actual. ¿Qué sucedió? Todo parece indicar que un lento pero inexorable deterioro climático avanzó conforme la deriva continental modificaba el patrón de corrientes oceánicas y con ello la redistribución del calor en el planeta. Este proceso culminó hace 3 millones de años con la formación de masas de hielo permanentes también en el hemisferio Norte. Fotografía cedida por Iván Pérez López.

Los cambios abruptos

Una pregunta inquietante: ¿podría sobrevenir un periodo frío como resultado de un aumento de la temperatura media del planeta? Este es el argumento de la película de ciencia ficción neocatastrofista The Day After Tomorrow (El día de mañana, en España), dirigida por Roland Emmerich en 2004. La respuesta es….  (¡Atención, spoiler!)… sí. El argumento científico que se esgrime es que un parón en la circulación oceánica profunda puede desencadenar un reajuste climático que enfríe notablemente el hemisferio norte. ¿Tiene sentido?

Esta hipótesis fue inicialmente planteada por los geólogos Wallace Smith Broecker y George H. Denton, quienes desarrollaron en los años 80 del pasado siglo el modelo de circulación oceánica profunda que transporta agua y energía a través de las cuencas oceánicas del planeta (Figura 10).

Figura 10. La circulación oceánica profunda (flecha blanca) se produce por las variaciones en la densidad del agua y la acción de la gravedad terrestre. Las aguas más frías y densas del Océano Ártico tienden a hundirse y desplazarse bajo las más cálidas y menos densas. La densidad del agua está condicionada por su temperatura  (termo-) y por su salinidad (-halina). Es por ello que el conjunto de las corrientes que tienen lugar en la profundidad de los océanos se conoce como Circulación Termohalina. El calor que este proceso cede a la atmósfera afecta tanto al sistema de corrientes cálidas (en rojo) como frías (en azul). Fuente: Instituto de Tecnologías Educativas.

El motor que mantiene la Circulación Termohalina en movimiento se encuentra en el Atlántico Norte, donde cada año las aguas salinas se enfrían bruscamente y se hunden hasta el fondo oceánico. Este proceso implica un caudal de 5 millones de metros cúbicos por segundo (casi 400 veces más que la mayor de las cataratas) desplazándose a 1,4 metros por segundo hasta una profundidad abisal de 3.500 metros. Semejante movimiento libera entre 500 y 700 millones de megawatios, lo que traducido en calentamiento atmosférico de Europa noroccidental equivale a entre 5 y 10 ºC más que si esta corriente no existiera.

Si por algún motivo esta corriente se parara, en pocos años las temperaturas medias para buena parte de Europa caerían en picado hasta vernos inmersos en una nueva Edad del Hielo. Y lo sabemos porque ya ha sucedido.

En 1989  Broecker y Denton propusieron que este fue el proceso que desencadenó el Younger Dryas, un intenso y rápido episodio de enfriamiento climático que tuvo lugar hace 12.800 años y que retrasó en más de 1.000 años la llegada del Holoceno, o sea, el periodo cálido que ha permitido nuestro desarrollo cultural y tecnológico. Pero, ¿cómo sucedió? El aumento de la temperatura del planeta tras la glaciación produjo un calentamiento de los océanos y la fusión de las masas de hielo, que aportaron una gran cantidad de agua dulce al Atlántico Norte. El resultado fue una disminución considerable de la salinidad y, con ello, de la densidad. Esto produjo un parón de las corrientes profundas y el consiguiente desequilibrio en la trasferencia de calor a la atmósfera, desencadenando así un enfriamiento brusco del Hemisferio Norte. Según los autores, este proceso, lejos de ser un episodio puntual, podría haber tenido un papel relevante en los 54 cambios climáticos acontecidos durante el Cuaternario (tal y como vimos en la Figura 1).

Conclusión provisional

Para indagar en los procesos naturales que enfrían la Tierra, además del balance radiativo, el albedo y el efecto invernadero, el ciclo del carbonato-silicato, la deriva continental, la distribución de las corrientes oceánicas superficiales, la corriente termohalina, la dinámica solar, los grandes eventos volcánicos y los Ciclos de Milankovitch; debemos tener en cuenta el papel de otras variables que apenas hemos mencionado, como el papel de la Biosfera y de los impactos de asteroides, por poner dos ejemplos.

Si algo podemos concluir es esto: el sistema climático terrestre es tan complejo, y son tantas las variables involucradas, que resulta imposible tratar de reducir a una única causa el origen de un proceso tan complejo como es una glaciación.

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