Reconstruyendo el paisaje a partir de un puñado de arena

Cuando nos detenemos a contemplar un paisaje, nos preguntamos cómo se formó el relieve que observamos. Intuimos que las llanuras, valles y montañas debieron originarse por la acción lenta pero continuada del agua, el hielo o el viento, que arrancaron materiales de un sitio para reubicarlos en otros. Pero, ¿dónde fueron a parar? Podemos deducir que viajaron hasta un lugar tranquilo donde el agua, el hielo o el viento perdieron su energía, depositándolos en forma de sedimentos (arcilla, limo, arena o grava) en una depresión del terreno o tal vez en el mar. Y así, paso a paso, construimos las nociones de erosión, transporte y sedimentación.