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Eclipses de Sol y Geología, una relación inesperada

Autoría: Gabriel Castilla Cañamero

Mi padre me había explicado la teoría de los eclipses, y yo la había comprendido bastante bien. Quedábame, empero, un resto de desconfianza. ¿No olvidará la Luna la ruta señalada por le cálculo? ¿Se equivocará la ciencia? […]. Se comprenderá fácilmente que el eclipse de 1860 fuera para mi tierna inteligencia luminosa revelación. Caí en la cuenta, al fin, de que el hombre, desvalido y desarmado enfrente del incontrastable poder de las fuerzas cósmicas, tiene en la ciencia redentor heroico, poderoso y universal instrumento de previsión y de dominio.

Santiago Ramón y Cajal. Recuerdos de mi vida, 1917

Como acabamos de leer, el padre de la neurología descubrió su vocación por la ciencia con apenas 8 años gracias al eclipse solar del 18 de julio de 1860. Y no ya por la visión de la corona solar en todo su esplendor (Figura 1), sino por la certeza asombrosa con la que se predijeron y anunciaron en los periódicos aquel fenómeno natural.

La imagen muestra una representación histórica de la corona solar durante un eclipse total de Sol. En el centro se observa un gran círculo negro, correspondiente a la Luna, que oculta el disco solar. El borde del círculo aparece rodeado por una franja clara e irregular. Desde esa zona luminosa parten miles de líneas blancas muy finas, dispuestas radialmente, que se extienden hacia el exterior como una aureola. Estas líneas representan la corona solar, visible únicamente cuando la Luna bloquea la luz directa del Sol durante un eclipse total. La imagen tiene aspecto de grabado antiguo, con fuerte contraste entre el negro del fondo y los trazos claros de la corona.
Figura 1. Aspecto de la corona solar durante el eclipse que contempló Cajal con 8 años, según un dibujo publicado por Camille Flammarion en Les terres du ciel (1877). Fuente: biblioteca del autor

Predecir la hora a la que se producirá la totalidad de un eclipse de Sol en un lugar concreto de la superficie terrestre no es una tarea sencilla, pues requiere manejar múltiples variables, entre ellas dos escalas de tiempo distintas: el Tiempo Terrestre y el Tiempo Universal.

  • El Tiempo Terrestre (TT) es una escala de tiempo basada en la Mecánica Celeste.

Es el reloj que se emplea en astronomía para calcular las posiciones orbitales de la Tierra y la Luna en el espacio (las efemérides), y por tanto para predecir cuándo se producirá un eclipse. Como vemos en la Figura 2, la punta del cono de sombra que proyecta la Luna sobre la Tierra (umbra) determina la banda de totalidad, una franja de terreno que rara vez supera los 250 kilómetros de ancho. Solo quienes se encuentran dentro de esta región pueden observar la ocultación completa del Sol.

  • El Tiempo Universal (TU) es la escala de tiempo basada en la rotación de la Tierra.

Desde la infancia aceptamos que un día tiene  24 horas, y es en este intervalo de tiempo donde encajamos las rutinas de nuestra vida. Pero este valor no es exacto. En del siglo XVII se estableció el llamado día sidéreo, entendido como el tiempo que invierte el planeta en realizar una rotación tomando como referencia la observación de una estrella. Esta técnica permite calcular el tiempo real de rotación con enorme exactitud en 23 horas, 56 minutos y 4,091 segundos. Cronometrar el día sidéreo durante siglos permitió descubrir que el tiempo que la Tierra emplea en completar una rotación no es un valor constante.

La imagen representa de forma esquemática cómo se produce un eclipse solar total. En el extremo izquierdo se ve el Sol, grande y luminoso. Entre el Sol y la Tierra aparece la Luna, situada de manera que bloquea parte de la luz solar. Desde la Luna salen dos conos de sombra hacia la Tierra: uno más oscuro y estrecho, identificado como umbra, y otro más amplio y tenue, identificado como penumbra. La umbra alcanza la superficie terrestre en una zona pequeña, donde se produce la totalidad del eclipse.

En la Tierra se distingue Europa, el norte de África, Groenlandia y parte del Atlántico. Una franja curva de color azul marca el camino de totalidad del eclipse solar total del 12 de agosto de 2026. Esta franja indica los lugares desde los que el Sol quedará completamente oculto por la Luna durante unos instantes. También aparece una línea naranja discontinua, situada más al sur, que representa un camino de totalidad hipotético asociado a una rotación terrestre ligeramente diferente. En la parte superior derecha se indica el eje de rotación de la Tierra.
Figura 2. Este diagrama ilustra el eclipse solar total del 12 de agosto de 2026. La franja de totalidad (ápice de la umbra) se muestra en azul. La línea punteada (naranja) muestra una variación basada en una hipotética rotación ligeramente diferente a la actual. El Sol, la Luna y la Tierra no están representados a escala real. Fuente: ChatGPT/Gabriel Castilla.

Lo que maravilló al joven Cajal fue descubrir que la ciencia dispone de herramientas  para calcular qué año, qué día, a qué hora, en qué lugar y durante cuánto tiempo se proyectará la umbra lunar sobre una cierta región de la superficie terrestre. Pero he aquí una paradoja: puesto que la velocidad de rotación de la Tierra no es constante, podemos hacer predicciones bastante exactas con varios siglos de antelación, pero no podemos reconstruir los eclipses del pasado con la misma seguridad. Veamos por qué.

Una máquina del tiempo escacharrada: la paradoja del eclipse

El desajuste entre el Tiempo Terrestre  (TT) y el Tiempo Universal (TU) es lo que en Geofísica se conoce como Delta T (DT) de manera que se puede escribir como

DT=TTTUDT = TT-TU


En la práctica DT es una medida de los cambios que experimenta la rotación de la Tierra a lo largo del tiempo por aceleración o por frenado; y la mejor forma de entenderlo es mediante un ejemplo.  

Imaginemos que queremos trazar la banda de totalidad de un eclipse ocurrido en el año 136 a. de C. Si asumimos que la rotación de la Tierra es como un reloj perfecto y por tanto empleamos solo el tiempo de la Mecánica Celeste (TT), obtenemos un mapa como el de la Figura 3. Pero,¿cómo podemos comprobar que nuestros cálculos son acertados? En teoría no podemos hacerlo directamente, pues para ello necesitaríamos disponer de una máquina del tiempo que, o bien nos permita viajar al pasado, o bien nos permita comunicarnos con alguien de aquella época para que nos diga si hemos acertado o no.

Afortunadamente sí disponemos de una tecnología que nos permite remontar el tiempo: la escritura. Si alguna persona del año 136 a. de C. observó el eclipse, lo registró mediante algún tipo de escritura, y además tenemos la fortuna de que este documento perdure los más de 2.160 años que nos separan, entonces podremos saber con seguridad si hemos acertado con nuestros cálculos. Y esto es exactamente lo que sucedió, alguien que sabía de astronomía registró en una tablilla de arcilla un eclipse total de Sol que fue visible desde la ciudad de Babilonia hacia el mediodía del 15 de abril del año 136 a. de C.

La imagen muestra un mapa explicativo sobre la velocidad de rotación de la Tierra a partir de un eclipse solar registrado en Babilonia en el año 136 a. C. El mapa abarca desde el Atlántico y Europa occidental hasta Asia central, incluyendo el Mediterráneo, el norte de África, Oriente Próximo y parte de Asia.

Sobre el mapa aparecen varias líneas verticales de referencia, marcadas como 3 grados oeste, 44,5 grados este y 67 grados este, además de una línea horizontal correspondiente a 32,5 grados norte. Babilonia está señalada con un pequeño icono dorado en la zona de Mesopotamia, cerca de esa latitud.

La línea azul continua, situada muy al oeste de Babilonia, indica dónde habría pasado la totalidad del eclipse si se asumiera una rotación terrestre constante. Esta trayectoria cruza el Atlántico oriental, el oeste de Europa y el norte de Europa. La línea marrón discontinua, mucho más oriental, representa una segunda estimación: el recorrido que tendría la totalidad si se considerara únicamente el alargamiento del día producido por la fricción de las mareas. Esta línea pasa por el noreste de África, Oriente Próximo y Asia central.

La comparación entre ambas trayectorias muestra que ninguna coincide exactamente con Babilonia. Como el eclipse fue observado y registrado desde esa ciudad, el diagrama sugiere que, además del frenado por mareas, tuvieron que intervenir otros factores que modificaron la rotación terrestre. El pie de figura indica que una parte importante de esa corrección tiene origen geológico.
Figura 3. Los registros babilónicos nos ofrecen datos precisos del recorrido que siguió la línea de totalidad durante un eclipse solar del año 136 a. de C. Si la velocidad de la Tierra hubiera sido la actual, la línea de totalidad habría pasado muy al oeste de Babilonia (línea oscura continua). Suponiendo que el único factor que afecta a la rotación de la Tierra es la fricción debida a las mareas, la línea se habría desplazado hacia el este (línea discontinua marrón). Dado que el eclipse fue visto y registrado desde la ciudad de Babilonia, algún factor acelerante de la velocidad de rotación debe haber contrarrestado en parte el efecto de las mareas. Una parte esencial de esa corrección es de naturaleza geológica. Fuente: ChatGPT/Gabriel Castilla.

Conociendo la fecha exacta y sabiendo que la rotación de la Tierra realmente no es constante, que la línea de totalidad calculada no coincida con la que fue realmente se debe a que nos hemos equivocado de una de estas dos formas:

Posibilidad 1: el eclipse se produce antes de lo previsto porque la rotación es más rápida.

Posibilidad 2: el eclipse se retrasa porque la rotación es más lenta.

Puesto que el eclipse se vio desde Babilonia, y lo sabemos porque su registro se conserva en una tablilla de barro que hoy se encuentra en el Museo Británico, podemos ajustar los cálculos teóricos con la realidad y saber si la rotación terrestre se ha frenado o se ha acelerado en estos más de 2.160 años que nos separan.  Y es así como podemos viajar en el tiempo para estimar el valor de Delta T.

Esta técnica, ideada inicialmente por el astrónomo Edmund Halley en 1695, ha sido desarrollada en las últimas cuatro décadas por el también astrónomo y geofísico británico F. Richard Stephenson sobre la base de unos 4.000 registros astronómicos de todo el mundo antiguo. Comparando la trayectoria de la umbra calculada (recorrido teórico) con las descripciones que otros astrónomos nos legaron (recorrido real), se ha podido establecer que la duración del día aumenta, en promedio, entre 1,7 y 1,8 milisegundos por siglo. Y como se trata de un valor que se va acumulando, para el eclipse del año 136 a. de C. habría supuesto un retraso de casi 4 horas.

Así pues, un eclipse no solo permite comprobar la precisión de la Astronomía; también puede funcionar como un tacógrafo de la rotación terrestre. Allí donde una sombra antigua no cae exactamente donde debería, empieza a hacerse visible la huella de la Geología.

El registro histórico de eclipses en España: una sorpresa a la vuelta de la esquina.

El registro de eclipses solares anteriores al año 1500 es muy pobre. De los 21 que se pudieron observar desde la Península Ibérica durante la Baja Edad Media solo nos ha llegado información de 2, de lo que se deduce que la tasa de registro y conservación es inferior al 10%. ¿Cómo se explica que un fenómeno natural tan impresionante no haya dejado más registros? Cuatro son las razones que explican esta laguna de información:

1. Son muchos más los documentos que se pierden que los que se conservan. Pensemos por un momento en qué tipo de registro dejaremos a las sociedades del futuro si nuestras bases de datos electrónicas sufrieran algún daño. Las tablillas de barro han demostrado ser más resistentes que el papel y (posiblemente) más que cualquier soporte magnético.

2. La distribución temporal de los eclipses no es homogénea. Hay siglos en los que solo hubo tres eclipses mientras que en otros se pudieron observar hasta ocho.

3. Los eclipses que se producen a primera y última hora del día son más difíciles de ver.  Cualquier fenómeno astronómico que suceda cerca del horizonte se puede ver afectado tanto por la inestabilidad atmosférica como por los obstáculos propios del paisaje (árboles, montañas, edificios, etc.).

4. La demografía y el perfil educativo. Recordemos que hasta el siglo XVI la España peninsular apenas contaba con una población de cinco millones de personas, en su mayor parte analfabetas.

Rastrear los escasos registros que se han conservado requiere cierta habilidad detectivesca. Los testimonios más antiguos datan de la época visigoda, concretamente del año 612, cuando el rey Sisebuto redactó el poema Epistola Sisebuti donde explica la naturaleza de los eclipses. Esta carta estaba dirigida a Isidoro, obispo de Sevilla, en agradecimiento por su obra De natura rerum, publicada aquel mismo año e igualmente consagrada a la Astronomía. Algunas investigaciones plantean que la razón por la que estas dos obras vieron la luz en aquel momento puede estar relacionada con el hecho de que entre los años 601 y 609 se pudieron observar desde Toledo hasta seis eclipses parciales de Sol.

Sin embargo, aún habrían de transcurrir más de tres siglos hasta que un eclipse de Sol fuera registrado con detalle desde la península. Ocurrió en la mañana del 19 de julio del año 939, en el momento en el que el ejército del rey leonés Ramiro II se disponía a enfrentarse a las tropas del califa Abd al-Rahman III frente a los muros de la ciudad de Simancas. El hecho quedó plasmado en los Anales castellanos por su singular coincidencia histórica.

Igualmente importante es el eclipse recogido en el Llibre dels fets del rei En Jaume, donde se relata cómo el 3 de junio de 1239 el rey Jaime I de Aragón observó un eclipse singularmente largo desde Montpellier. Sabemos que la trayectoria de la umbra pasó por la vertical de Zaragoza y Soria, y es en esta última ciudad donde se conservan dos inscripciones que lo conmemoran: una se encuentra en el claustro de la concatedral de San Pedro, y la otra se descubrió en 1970 entre las ruinas de la iglesia de San Nicolás y se conserva en el Museo Numantino.

Pero sin duda el hallazgo más sorprendente tuvo lugar en Sos del Rey Católico (comarca de las Cinco Villas, Zaragoza) en 2003.  Cualquiera que atraviese el soberbio arco de medio punto que da acceso a la Plaza de la Villa puede ver una tosca inscripción aparentemente ininteligible (Figura 4). La historiadora Loli Ibáñez y el investigador Julio Torres Lázaro se propusieron resolver el misterio. Tras un laborioso proceso la inscripción desveló su mensaje: Anno Domini MCCC:L:IIII XVII die septembris:hora prima:obscura uit sol [en la hora prima del 17 de septiembre del año de Nuestro Señor  de 1354, se oscureció el sol].

Esta inscripción constituye el registro in situ más completo y preciso de todos los descubiertos en España hasta la fecha, y fue utilizada por los matemáticos María José Martínez Usó y Francisco José Marco Castillo para confirmar que la rotación de la Tierra se está frenando lentamente.

La imagen compara dos vistas de una misma inscripción grabada en piedra. En la fotografía de la izquierda se observa un sillar de superficie beige y rugosa, integrado en un muro o estructura pétrea. Sobre él aparecen varias líneas de letras incisas, pero el bloque está colocado en una orientación que no coincide con la posición original del texto. Por ello, la inscripción resulta difícil de leer a simple vista.

En la fotografía de la derecha se muestra la misma pieza aislada visualmente y girada, de modo que las líneas de texto quedan orientadas de forma más adecuada para su lectura. La inscripción aparece distribuida en varias líneas horizontales, con letras talladas de manera manual, de tamaño desigual y con algunos trazos erosionados. En la parte inferior derecha se aprecia un signo o conjunto de trazos más grandes, similar a una marca final o elemento decorativo.

La comparación entre ambas imágenes permite entender el proceso de documentación: primero se fotografía la inscripción tal como se conserva en el sillar y después se rota la imagen para interpretar mejor el texto.
Figura 4. Como se puede apreciar en la fotografía de la izquierda, las letras fueron grabadas sobre un sillar que en la actualidad se encuentra girado respecto a la que debió ser su posición original, por lo que la primera tarea consistió en fotografiar el texto y girar la imagen para facilitar su lectura (fotografía de la derecha). Esta inscripción constituye el registro in situ más completo y preciso de todos los descubiertos en España. Fotografías de Gabriel Castilla y Loli Ibáñez.

Los milisegundos perdidos: el factor geológico

Tres procesos invisibles luchan por el control de nuestro tiempo, y para entender cómo actúan debemos recurrir al concepto de conservación del momento angular.

La idea puede parecer abstracta, pero la hemos visto en acción muchas veces. Basta observa a alguien patinando durante una pirueta. Cuando extiende los brazos, su masa queda distribuida a mayor distancia del eje de giro y la rotación se vuelve más lenta. Sin embargo, cuando recoge los brazos contra el cuerpo comienza a girar más rápidamente. Lo que sucede es que el sistema “patinador” conserva una magnitud física denominada momento angular, una especie de  “cantidad de giro” que permanece constante mientras no actúen fuerzas externas importantes. Al acercar la masa al eje de rotación disminuye la inercia rotacional y, para compensarlo, aumenta la velocidad de giro (Figura 5).

La imagen explica el efecto que se produce en el patinaje artístico de conservación del momento angular, mediante dos dibujos de una persona patinando sobre hielo en rotación. En la parte izquierda, la persona tiene los brazos abiertos en horizontal siendo una mayor masa extendida”, “mayor inercia” y “rotación más lenta”. La masa del cuerpo está más alejada del eje de rotación, por lo que cuesta más girar rápidamente. En el caso de la derecha, los brazos están pegados al cuerpo por lo que la masa está más concentrada, cuesta menos girar y puede girar más rápido.
Figura 5. Una persona patinando que gira sobre sí misma puede modificar su velocidad de rotación simplemente cambiando la distribución de su masa al estirar o encoger sus brazos. Con los brazos extendidos aumenta su momento de inercia y gira más lentamente; al recogerlos disminuye la inercia y aumenta la velocidad de giro. Como el momento angular total se conserva, la aceleración no requiere ningún aporte externo de energía. La Tierra experimenta un fenómeno análogo cuando procesos geológicos y climáticos redistribuyen masas de hielo, agua y roca respecto a su eje de rotación. Fuente: ChatGPT/Gabriel Castilla.

El sistema Tierra se comporta exactamente igual que las personas que hacen patinaje artístico, pues se trata de un sistema dinámico en el que océanos, atmósfera, casquetes polares y masas continentales redistribuyen continuamente enormes cantidades de materia. Cuando esa redistribución acerca masa al eje terrestre, la rotación se acelera ligeramente; cuando la aleja, se ralentiza. En este juego tres son los procesos que destacan por encima de todos los demás:

Proceso 1. El freno mareal. La atracción gravitatoria de la Luna deforma las masas de agua de los océanos, creando las protuberancias de marea. Puesto que la Tierra gira más rápido que el periodo orbital de la Luna, la fricción del agua contra los fondos oceánicos actúa como un freno, absorbiendo energía rotacional. Parte de la energía se disipa en forma de calor, mientras que el intercambio de momento angular tiene dos efectos simultáneos:

1º. La Tierra se frena (aumenta Delta T) a un ritmo medio de +2,3 milisegundos por siglo.

2º. La Luna se aleja de la Tierra unos 3,8 cm cada año, según confirman las mediciones realizadas mediante Lunar Laser Ranging.

Proceso 2. El acoplamiento entre el Núcleo y el Manto terrestre. El núcleo metálico terrestre interacciona con la parte inferior del manto, una región irregular sometida a enormes presiones e intensos campos magnéticos, lo que produce fluctuaciones en el tiempo de rotación que pueden alcanzar los 4 milisegundos por década.

Proceso 3. El acelerador postglacial. Hace unos 11.500 años desaparecieron los grandes campos de hielo que cubrían el hemisferio Norte. Se estima que el casquete glaciar Laurentino (Canadá/EE.UU.) alcanzó un grosor de 4.000 m; mientras que el casquete glaciar Fennoscándico (Europa) tuvo un espesor de hasta 3.000 m. Para hacernos una idea de lo que esto significa, pensemos que una columna de hielo glaciar de 1 m2 de superficie y 1.000 m de espesor equivale a una columna de 600 coches presionando sobre cada metro cuadrado de corteza. Si multiplicamos esta presión por 3 o por 4, y puesto que los casquetes de hielo (técnicamente llamados indlandsis) tenían una escala continental y se extendían millones de kilómetros cuadrados, podemos hacernos una idea de la enorme presión a la que se vio sometida la corteza terrestre.

La imagen es un mapa global en el que se representan dos tipos de información. Por un lado, aparecen señaladas con tramas de líneas las áreas que estuvieron cubiertas por grandes mantos de hielo durante el Último Máximo Glacial, hace unos 21.000 años. Estas zonas se concentran sobre todo en Canadá, el norte de Estados Unidos, Groenlandia, Escandinavia, el norte de Europa y partes del norte de Asia.

Por otro lado, el mapa utiliza una escala de colores para mostrar el movimiento vertical actual de la corteza terrestre, medido en milímetros por año. La leyenda, situada a la izquierda, va desde valores negativos, que indican movimiento descendente, hasta valores positivos, que indican movimiento ascendente. Las zonas en blanco y azul muestran los mayores ascensos, que se localizan principalmente en áreas que soportaron grandes espesores de hielo, como Canadá, Groenlandia y Escandinavia. Esto se interpreta como un rebote de la corteza tras la pérdida del peso del hielo.

En otras regiones predominan colores amarillos, naranjas y rosados, que indican movimientos descendentes o ascensos menores. Estos reajustes no se limitan a las antiguas zonas glaciadas, sino que afectan a la distribución vertical de la superficie terrestre a escala planetaria y pueden modificar las líneas de costa.
Figura 6. Este mapa muestra la localización y extensión de los grandes mantos de hielo (superficie con barras) durante el Último Máximo Glacial (hace unos 21.000 años) y el actual reajuste isostático de la corteza terrestre. En los lugares donde el espesor del hielo fue mayor (y por tanto mayor fue la carga), la corteza ha ascendido hasta 1 km. Estos reajustes topográficos suponen cambios significativos en las líneas de costa de todo el planeta. Fuente: adaptado de Schneider, 1997.

La corteza terrestre (litosfera) tiene cierta rigidez, pero el manto sobre el que reposa se comporta a largo plazo como un fluido viscoso similar a la plastilina. Bajo este enorme pero la corteza se hundió un metro por cada tres metro de hielo, de lo que se deduce que en algunos lugares la corteza llegó a hundirse un kilómetro. Este movimiento del manto debido a las variaciones de carga en la corteza se llama isostasia (Figura 7). Al desaparecer el hielo, la corteza intenta recuperar su nivel pero, como el manto es muy viscoso, el ascenso es muy lento.

La imagen representa una secuencia temporal del reajuste isostático producido por la carga y posterior desaparición de un gran manto de hielo. El esquema está dividido en tres momentos.
Figura 7.  Secuencia de ajuste isostático en los últimos 11.500 años, primero por hundimiento de la corteza como respuesta al peso del hielo glaciar, y posteriormente por ascenso como respuesta a la fusión del hielo y la consecuente pérdida de carga. Un ejemplo de la relación que existe entre el clima y el relieve. Fuente: ChatGPT/Gabriel Castilla.

En su ascenso la masa del planeta se desplaza hacia el eje de rotación, un movimiento que siguiendo el símil del patinador equivale a acercar sus brazos al cuerpo para girar más rápido, y es por eso que la pérdida de hielo acelera la rotación terrestre. Pero, ¿cuánto se acelera la Tierra por efecto del ajuste isostático posglacial?

Como hemos visto, existe una discrepancia fundamental entre el valor medio del frenado mareal (+2,3) y la tendencia observada empíricamente con los eclipses (1,7 a 1,8). Esta diferencia de unos 0,5 o 0,6 milisegundos es la firma geofísica directa del deshielo y el ajuste isostático que se viene produciendo en los últimos 10.000 años. La validación de este valor mediante el análisis de eclipses históricos ayuda a contrastar los modelos de viscosidad del manto y la respuesta de la litosfera ante la descarga de enormes masas de hielo. De este modo, una sombra observada en la antigüedad acaba conectando con los cambios climáticos asociados al final de la última glaciación.

 Y todo esto, ¿para qué sirve?

En este punto, podemos preguntarnos qué utilidad tiene saber si la Tierra tarda unas milésimas de segundo más o menos en completar una rotación. La pregunta es legítima. El estudio histórico de los eclipses no nos hace la vida más cómoda de una forma inmediata (no nos hace la cama, como se suele decir), pero esa no es la única manera de medir el valor del conocimiento.

La ciencia también sirve para establecer conexiones invisibles. Descubrir que una sombra proyectada por la Luna sobre Babilonia hace más de dos mil años puede contener información sobre la fricción de las mareas, la viscosidad del manto terrestre y el cambio climático que desencadenó el deshielo de los indlandsis del hemisferio norte, nos revela que la Tierra no es un escenario inmóvil sobre el que ocurren los acontecimientos, sino un sistema dinámico en el que la Astronomía, la Geología, la Física y la Historia forman parte de una misma trama.

Quizá la verdadera utilidad de esta historia sea precisamente la que intuyó Cajal siendo todavía un niño: que la ciencia permite anticipar lo que parece inalcanzable, ordenar lo que parece misterioso y descubrir en los fenómenos naturales una regularidad profunda. No sabemos si alguna de las millones de personas jóvenes que contemplarán los eclipses visibles desde España en 2026, 2027 y 2028 sentirá algo parecido. Dos de estos eclipses serán totales y uno anular, una coincidencia excepcional que convertirá la península ibérica en un escenario privilegiado para mirar al cielo.

Tal vez la mayoría de quienes presencien el eclipse solo recuerde la emoción de ver cómo el día se oscurece durante unos minutos. Pero quizá alguien, en medio de esa oscuridad inesperada, se haga una pregunta. Y a veces basta una simple pregunta para arrojar un poco de luz sobre las tinieblas.

Bibliografía

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De los minerales a las energías limpias: la Geología que no vemos en la transición ecológica

Iván Martín Méndez y Ana Isabel Casado Gómez

Hoy, 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, y en pleno impulso de la transición ecológica, solemos imaginar un futuro limpio: aerogeneradores girando en el horizonte, paneles solares captando la luz del sol o ciudades solo con coches eléctricos. Es una imagen optimista… pero incompleta. Porque detrás de ese mundo más sostenible hay algo que rara vez se menciona: la necesidad de una enorme cantidad de recursos minerales para que sea posible.

La realidad es sencilla, aunque a veces sorprendente: para producir energía limpia, necesitamos materiales. Y no pocos. Porque la transición energética no empieza en un enchufe ni en un aerogenerador. Empieza mucho antes. Empieza en los minerales que hacen posibles todas esas tecnologías.

Durante más de un siglo, nuestra sociedad ha dependido sobre todo de los combustibles fósiles. Carbón, petróleo y gas han sido la base del crecimiento industrial. Pero la transición ecológica nos obliga a cambiar ese modelo. La tendencia actual apunta hacia la descarbonización, es decir hacia la reducción progresiva de las emisiones de carbono procedentes de la combustión de combustibles fósiles, como camino necesario para construir un futuro más sostenible. Sin embargo, este cambio no significa dejar de depender de los recursos naturales, significa cambiar unos por otros.

Hoy el protagonismo lo tienen elementos como el litio, el cobre, las tierras raras o el silicio; los cuales los encontramos en la naturaleza formando parte de distintos minerales. Estos elementos, y los minerales donde se encuentran, son los componentes necesarios de la transición ecológica.

EL LITIO

El litio es un elemento que apenas se ha utilizado a lo largo de la historia, pero que ahora es fundamental para almacenar la energía en baterías. El litio aparece principalmente en dos grandes contextos geológicos: depósitos sedimentarios evaporíticos (salares) y rocas ígneas muy evolucionadas. En los salares, propios de cuencas sin salida al mar (cuencas endorreicas) en zonas áridas, el litio se concentra en salmueras por la evaporación progresiva del agua. Por otro lado, en ambientes ígneos, el litio se encuentra en rocas graníticas muy evolucionadas donde cristalizan minerales ricos en litio como la espodumena o la lepidolita (Figura 1).

Fotografía de una muestra una roca con distintos cristales minerales donde destaca la lepidolita en tonos violetas y lilas sobre fondo blanco gris. La roca tiene forma irregular y alargada, con una superficie rugosa y granular por los cristales. Presenta tonos predominantes violetas y lilas (lepidota) y grisáceos, con pequeñas zonas claras blanquecinas y algunas manchas ocres (otros minerales sin identificar).
Figura 1: Muestra con cristales de lepidolita (morado), uno de los principales minerales de los que se obtiene el litio procedente de Belvis de Monroy (Cáceres). Fuente: Museo Geominero (CN IGME-CSIC).

EL COBRE

El cobre es una de las materias primas más utilizadas a lo largo de la historia. Su importancia se debe a su alta conductividad eléctrica y térmica, su maleabilidad y su resistencia a la corrosión, cualidades que lo hacen fundamental para el cableado eléctrico, las redes energéticas, la electrónica y las energías renovables.

Desde el punto de vista geológico, el cobre se concentra principalmente en yacimientos asociados a procesos magmáticos e hidrotermales. Puede aparecer como cobre metálico muy puro llamado cobre nativo (Figura 2), en sulfuros como la calcopirita o la calcosina, y también en minerales secundarios formados por alteración, como la malaquita y la azurita.

Uno de los ejemplos más importantes en España es la mina de Riotinto, en Huelva, situada dentro de la Faja Pirítica Ibérica. Esta zona ha sido explotada desde la Antigüedad, incluso antes de época romana, y constituye uno de los distritos mineros históricos más relevantes de Europa.

Fotografía de una muestra de cobre nativo sobre fondo negro. El mineral aparece como una masa irregular y fragmentada, con bordes angulosos y superficie rugosa. Predominan los tonos gris oscuro, plateados y parduzcos, con pequeños reflejos metálicos y zonas de color cobrizo tenue. La muestra tiene aspecto compacto, pero con cavidades y relieves que le dan una textura quebrada y heterogénea.
Figura 2. Cobre nativo (Minas de Río Tinto, Huelva). Fuente: Museo Geominero (CN IGME-CSIC).

LAS TIERRAS RARAS

Las tierras raras son un grupo de 17 elementos esenciales para muchas tecnologías actuales, como los teléfonos móviles, los aerogeneradores, los vehículos eléctricos o algunos sistemas electrónicos avanzados.

Su nombre puede resultar confuso, ya que no son “tierras” en sentido geológico ni necesariamente elementos muy escasos. De hecho, algunos de ellos son más abundantes en la corteza terrestre que metales como el oro. El término procede del siglo XVIII, cuando se denominaba “tierras” a ciertos óxidos metálicos, que fue la forma en la que se identificaron inicialmente.

Tierras raras: ni son tierras ni siempre son raras

Su verdadera rareza no está tanto en su abundancia, sino en la dificultad para encontrarlas concentradas en yacimientos explotables y para separarlas unas de otras.

Desde el punto de vista geológico, las tierras raras se concentran principalmente en determinados minerales, como la monacita, la bastnasita o la parisita (figura 3) asociados a rocas ígneas muy evolucionadas, carbonatitas, depósitos aluviales y otros ambientes donde estos elementos pueden acumularse de forma significativa. La parisita, por ejemplo, es un carbonato de calcio y fluor además y cantidades variables de lantano, cerio o neodimio que puede encontrarse en algunas arenas minerales pesadas y en ciertos contextos magmáticos y metamórficos.

Fotografía de una muestra de parisita sobre fondo negro. El mineral aparece como un cristal alargado y prismático, de contorno casi rectangular, con los extremos algo redondeados e irregulares. Presenta tonos marrones, amarillentos y verdosos, con zonas translúcidas y brillo vítreo. La superficie muestra estrías verticales y pequeñas irregularidades, lo que le da un aspecto cristalino pero ligeramente desgastado.
Figura 3: Parisita (Mina Muzo, Boyacá, Colombia). Fuente: Museo Geominero (CN IGME-CSIC)

EL SILICIO

El silicio es uno de los elementos más abundantes de la corteza terrestre, pero su importancia tecnológica actual es enorme. Es fundamental en la fabricación de paneles solares, componentes electrónicos, semiconductores y otros dispositivos relacionados con la transición energética y digital.

Silicio: del cuarzo al corazón de la tecnología

Desde el punto de vista geológico, el silicio se obtiene principalmente a partir del cuarzo (figura 4), un mineral formado por dióxido de silicio que aparece en muchas rocas, como granitos, areniscas y vetas hidrotermales. Sin embargo, para su uso industrial y tecnológico no sirve cualquier cuarzo, sino que se necesitan materiales de gran pureza. A partir de este cuarzo seleccionado se produce silicio metalúrgico y, mediante procesos posteriores de purificación, silicio de alta pureza para aplicaciones como las células fotovoltaicas de los paneles solares.

Fotografía de una muestra de cuarzo ahumado sobre fondo negro. El mineral aparece como un grupo de cristales prismáticos parcialmente transparentes, de color gris oscuro a pardo ahumado. Los cristales tienen caras planas y aristas definidas, con terminaciones puntiagudas y brillo vítreo.
Figura 4. Cuarzo ahumado, Cantera La Saludadora, Valdemanco (Madrid). Fuente: Museo Geominero (CN IGME-CSIC).

El litio, el cobre, las tierras raras y el silicio muestran que la transición energética no depende solo de nuevas tecnologías, sino también de los materiales que las hacen posibles. Todos estos elementos hay que obtenerlos de minerales, podemos deducir que, en el fondo, esta transición conlleva una transformación material: pasamos de consumir energía fósil a consumir minerales.

La escala del reto: más grande de lo que parece

A veces pensamos que las energías renovables son ligeras, casi inmateriales. Pero la realidad es muy distinta. La construcción de infraestructuras renovables requiere mover enormes cantidades de materiales.

Un parque eólico o solar, a gran escala, implica toneladas y toneladas de minerales extraídos, procesados y transportados.

Para hacernos una idea, para generar energía limpia para una población comparable a una ciudad como Ávila, de unos 60.000 habitantes (20.00 familias), necesitaríamos más de 100.000 paneles fotovoltaicos de 400W que necesitarían casi 1000 toneladas de materias primas como Aluminio, Plata, Cobre y Silicio. O bien necesitaríamos 15 aerogeneradores de 3 MW que necesitarían casi 300 toneladas de níquel, aluminio, manganeso, cobre, disprosio y neodimio entre otros (Figura 5).

Infografía sobre la demanda de metales necesaria para abastecer de energía a unas 20.000 familias mediante energía fotovoltaica o eólica. La imagen muestra, sobre un fondo claro, un panel solar en la parte inferior izquierda y un aerogenerador en la parte derecha. Alrededor aparecen señaladas distintas cantidades de elementos químicos necesarios. Para la opción fotovoltaica se indican 114.420 paneles de 400 W, que requieren aproximadamente silicio, 350 toneladas; aluminio, 343 toneladas; cobre, 210,5 toneladas; y plata, 0,9 toneladas. Para la opción eólica se indican 15 aerogeneradores de 3 MW, que requieren aproximadamente aluminio, 320 toneladas; cobre, 228 toneladas; níquel, 15,3 toneladas; manganeso, 36,6 toneladas; neodimio, 1,3 kg; y disprosio, 0,3 kg.
Figura 5. Cantidades de elementos necesarios para abastecer de energía a unas 20.000 familias mediante energía fotovoltaica o eólica. Fuente: Minerales para la transición energética y digital en España: demanda, reciclaje y medidas de ahorro 2023. Modificado de Amigos de la Tierra.

Las nuevas tecnologías verdes

Si pensamos en las nuevas tecnologías verdes que se están desarrollando seguro que rápido se nos vienen tres de ellas a la mente y ahora vamos a descubrir como detrás de cada una de estas tecnologías de las denominadas limpias se esconde una historia geológica.

Cada tecnología limpia esconde una cadena mineral

Un coche eléctrico está compuesto por una gran cantidad de materias primas, entre ellos podemos destacar el cobre y el litio, algunos de los elementos que hemos explicado anteriormente y que forman parte de sus tan codiciadas baterías eléctricas. Pero para la construcción de un coche eléctrico se utilizan además otros elementos como el níquel, el manganeso, el cobalto y cantidades más pequeñas de tierras raras y zinc, entre otros (Figura 6).

Figura 6.: Materias primas que existen en un coche eléctrico, en kilogramos. Fuente: Agencia Internacional de la Energía, 2023

Otro de los grandes exponentes de las energías limpias son los aerogeneradores, muchos de ellos están funcionando en la provincia de Ávila. Un aerogenerador (figura 7) depende de minerales como la parisita de la que hemos hablado previamente, y que es una de las posibles fuentes de tierras raras. Pero además, un aerogenerador contiene muchas otras materias primas en cada una de sus partes:

  • Hierro en las palas de sus rotores.
  • Cromo, hierro, manganeso, molibdeno y níquel en los engranajes que hacen girar esas palas.
  • Boro, cobalto, cobre, hierro y tierras raras como hemos indicado previamente, en este caso en los generadores que están formados por grandes imanes permanentes.
  • Aluminio, cromo, cobre, hierro, manganeso, molibdeno y níquel en la góndola del aerogenerador, que es lo que recubre a toda esa sala de máquinas que contienen los engranages y los generadores de energía.
  • Aluminio, cromo, cobre, hierro, manganeso, molibdeno y níquel en la torre.
  • Hierro y cemento para su cimentación.
  • Cobre y plomo para los cables que transmiten toda la energía que se genera.
Infografía titulada “Materias primas utilizadas en aerogeneradores”. Sobre un fondo claro aparece la silueta blanca de un aerogenerador, con la góndola y las palas en la parte superior, la torre en vertical y la cimentación en la base. A la izquierda se muestra una leyenda de colores que identifica las materias primas: aluminio, boro, cromo, cobalto, cobre, hierro, plomo, manganeso, molibdeno, níquel, tierras raras y hormigón. A la derecha, líneas de llamada señalan las partes del aerogenerador donde se emplean estos materiales: palas del rotor, engranajes, generador, góndola, torre, cimentación y cables.
Figura 7: Materias primas que se necesitan para la construcción de un aerogenerador. Fuente: Comisión Europea, Raw materials demand for wind and solar PV technologies in the transition towards a decarbonised energy system, 2020.

Finalmente, también podemos destacar los paneles solares (figura 8). Un panel solar requiere una gran cantidad de materias primas, entre las que podemos destacar el silicio, del cual hemos comentado su procedencia previamente, para la creación de los vidrios fotovoltaicos. Pero además, para la construcción de los paneles solares necesitaremos selenio, indio, galio y, de nuevo, aluminio y cobre.

Figura 8: materias primas que se necesitan para la construcción de un panel solar. Fuente: Ministerio de Energía y Minas Perú.

Con estos tres ejemplos podemos ver que cada una de estas nuevas tecnologías esconde una gran cantidad de materias primas, cada una de las cuales tiene una historia geológica de millones de años para su formación.

La tabla periódica en el bolsillo

Pero no hace falta mirar solo a las nuevas tecnologías limpias, que quizá nos resulten algo más alejadas de nuestro día a día. Seguro que la mayoría de la ciudadanía tiene un smartphone en su bolsillo, y cada uno de estos smartphones modernos contiene más de 70 elementos químicos diferentes.

Estos van desde los metales más comunes, como el aluminio y el cobre, hasta elementos más complejos y menos conocidos, incluidos el litio, el cobalto, el grafito y las tierras raras como el neodimio y el disprosio.

Cada smartphone moderno contiene más de 70 elementos químicos diferentes

Figura 9. Materias primas utilizadas en la fabricación de un smartphone. Aunque un teléfono móvil parezca un objeto pequeño y cotidiano, su fabricación depende de una gran diversidad de minerales y elementos químicos empleados en la pantalla, la batería, los circuitos electrónicos, los altavoces, el micrófono y el sistema de vibración. Composición realizada por A.I. Casado.

Como te puedes imaginar el suministro de todos estos minerales es un reto para la sociedad actual porque hay algunos países que concentran la mayoría de su producción.

Pero explicar este problema es algo que trataremos en un futuro post.

Viaje desde el espacio al corazón de la Tierra

Texto: Javier Elez, Anabel Casado y Gabriel Castilla

En el momento de escribir este post, la tripulación de la misión Artemis II de la NASA ha regresado ya felizmente de una nueva misión alrededor de la Luna.  Su trabajo nos ofrecen nuevas fotos del planeta Tierra visto desde el espacio exterior (Fig. 1).

Imagen tomada desde la nave Orion durante la misión Artemis II, en el espacio cerca de la Luna.

El fondo es completamente negro, representando el vacío del espacio.

En la parte inferior se extiende la superficie de la Luna, de color gris oscuro y con una textura rugosa llena de cráteres. En primer plano destaca un cráter grande, con bordes en forma de escalones y una zona central con pequeñas elevaciones o picos.

Por encima del horizonte lunar aparece la Tierra, solo parcialmente visible, como si se estuviera ocultando detrás de la Luna. Este fenómeno se conoce como “puesta de la Tierra”.

La Tierra tiene un tono azul suave con nubes blancas brillantes. Una parte del planeta está en oscuridad, indicando la noche, mientras que en la zona iluminada se observan nubes sobre la región de Australia y Oceanía.
Figura 1. Fotografía de la Tierra desde la nave espacial Artemis II, la Luna en primer plano el planeta azul en segundo. Créditos NASA

Además, hoy 22 de abril es el Día Internacional de la Tierra, así que vamos a aprovechar estas dos coincidencias para contaros la dimensión y la estructura general de nuestro planeta. Lo haremos desde un punto de vista fundamentalmente geológico y más que incidir en todos y cada uno de los elementos que dividen esas distintas zonas, pondremos el foco en por qué son tan interesantes cada una de estas capas para entender la dinámica del planeta.

DESDE EL ESPACIO EXTERIOR AL PLANETA AZUL

Si hiciéramos un viaje interestelar de vuelta desde el espacio exterior a nuestro planeta azul, a nuestra casa, como ha hecho Artemis II, lo primero con lo que nos encontraríamos sería el campo magnético terrestre. Este protege la Tierra como si fuera un escudo, desviando el viento solar, principalmente partículas atómicas y subatómicas procedentes del Sol (Fig. 2). Al atravesar ese escudo entraríamos en la atmósfera, la capa más exterior de nuestro planeta. Esta se caracteriza por estar compuesta fundamentalmente por gases que envuelven completamente el planeta.

La atmósfera no tiene límite superior definido, consideramos que empieza cuando gracias a ese escudo magnético deja de predominar la atmósfera solar. Podríamos darle una distancia aproximada de unos 10.000km a partir de la superficie del planeta Tierra.

Desde el punto de vista de la composición química nuestra atmósfera se puede dividir en dos grandes envolventes, la Heterosfera y la Homosfera (Fig. 3). Siguiendo en nuestro viaje de entrada a la Tierra, cruzaremos primero la Heterosfera.

La Heterosfera está estratificada pero no tiene una composición química homogénea, de forma que tiene capas donde predomina el hidrógeno, el helio, el oxígeno o el nitrógeno y en general presenta muy poca masa. La Heterosfera se acaba a unos 80-85km de la superficie de la Tierra, dando paso a lo que denominamos Homosfera.

Por tanto, la Homosfera se extiende desde esos 80-85km de elevación hasta la superficie del planeta y presenta una composición química muy constante:  21% de oxígeno, 78% nitrógeno y 1% de Dióxido de carbono, Argón, vapor de agua y otros gases. 

En la atmósfera sucede una cosa muy curiosa, y que tiene que ver con cómo se comportan los gases desde el punto de vista físico. Los gases son compresibles, esto es, las moléculas gaseosas se pueden apretar en menos espacio. La gravedad de la Tierra atrae esos gases, evitando que escapen al espacio exterior, y los acumula preferentemente en su parte inferior.

La imagen es un esquema vertical que representa las capas de la atmósfera de la Tierra, ordenadas desde la superficie hacia el espacio.

En el lado izquierdo aparecen dos grandes categorías escritas en vertical:

Homosfera (parte inferior)
Heterosfera (parte superior)

Estas categorías agrupan las distintas capas.

Parte inferior: Homosfera

Troposfera (desde el suelo hasta aproximadamente entre 6 y 20 kilómetros)
Es la capa más cercana a la Tierra. Se muestra una montaña, identificada como el Monte Everest, y un avión volando. Es la zona donde ocurren los fenómenos meteorológicos.

Estratosfera (hasta unos 50 kilómetros)
Se representa un globo meteorológico flotando. Es una capa más estable que la troposfera.

Mesosfera (hasta unos 85 kilómetros)
Se observan meteoros como líneas que atraviesan la atmósfera. En esta capa se desintegran la mayoría de los meteoritos.

Parte superior: Heterosfera

Termosfera (desde unos 85 hasta unos 690 kilómetros)
Se muestra una aurora como una forma difusa de color verde y un transbordador espacial. También aparece la línea de Kármán a unos 100 kilómetros, que se considera el límite entre la atmósfera y el espacio.

Exosfera (desde unos 690 hasta unos 10.000 kilómetros)
Es la capa más externa. Se representa como una zona muy oscura con pequeños puntos que sugieren el espacio.

Organización de la imagen

La información se presenta de abajo hacia arriba, indicando mayor altitud.
Cada capa tiene un color diferente y se indican alturas aproximadas en kilómetros.
Los dibujos ayudan a identificar qué ocurre en cada zona.
Figura 3. Estructura típica de la Atmósfera. Modificado de Wikipedia. Notar que para que quepan todas las capas e indicaciones en el gráfico, la escala vertical en kilómetros no es homogénea. Créditos: Wikipedia

De esta forma el 95% de masa de la atmósfera, prácticamente toda, se encuentra en los primeros 15km. El resto, hasta esos 10.000 kilómetros aproximados donde termina, es una zona que apenas tiene materia.

Una de las consecuencias de esta distribución es que justo en la superficie del planeta, que es donde se desarrolla la vida, es donde se encuentra la mayor densidad y presión en el aire.

También como consecuencia, en esta parte más cercana a la superficie del planeta (Troposfera y parte de la Estratosfera) es donde se dan gran parte de los fenómenos atmosféricos y climáticos típicos: nubes, lluvia, rayos, etc. ya que esta acumulación de masa permite la dinámica atmosférica, y también la sustentación de los aviones sin ir más lejos. Este cambio en la densidad de la atmósfera lo podemos notar al ascender una montaña de varios kilómetros que cada vez el aire es menos denso y podemos tener problemas para respirar precisamente porque hay menos oxígeno en el mismo volumen de aire que cogemos en cada exhalación.

SOBRE LA SUPERFICIE DE LA TIERRA

En nuestra llegada al planeta azul aterrizamos la nave espacial en la superficie rocosa del planeta, en la Troposfera (Fig. 3). Tras atravesar la atmósfera gaseosa encontramos un nuevo mundo en lo que a estados de la materia se refiere, los estados sólido y líquido.

La Tierra dispone de gran cantidad de agua en superficie, aproximadamente cuatro quintas partes de la superficie del planeta está cubierto de forma permanente por el agua de nuestros mares y océanos. Y aunque en proporción es una cantidad de masa muy pequeña con respecto al global del planeta, tiene una relevancia fundamental a la hora de entender la vida en general y de acoger a la humanidad en particular.

Esta agua superficial forma la hidrosfera, os dejamos algunos datos sorprendes que ayudan a dimensionar su volumen (Fig. 4):

  • Si toda el agua del planeta Tierra (océanos, glaciares y casquetes polares, lagos, ríos y agua subterránea, agua atmosférica, etc.) lo ponemos en una esfera, el radio de esa bola sería de aproximadamente 682km.
  • El volumen total de toda esa agua sería de unos 1.386 millones de km3.
  • Toda el agua que se encuentra en la atmósfera, la mayor parte en forma de vapor, en un día normal suma unos 12.900km3. Si toda ella lloviera sobre el planeta en un instante, la Tierra se cubriría con una capa continua  de unos 2,5cm de espesor.
  • Solo el 2,5% del agua que existe en la superficie del planeta es agua dulce y la mayor parte de ella está en la Antártida.
La imagen muestra el planeta Tierra visto desde el espacio, con fondo negro.

La Tierra ocupa casi toda la imagen y está representada como una esfera. Se distinguen claramente los continentes de América del Norte, América Central y América del Sur en el centro. También se ve parte de África y Europa en el lado derecho. Los océanos aparecen en tonos claros y las zonas de tierra en colores verdes y marrones.

Sobre América del Norte, en la parte izquierda del planeta, hay una esfera azul brillante superpuesta. Esta esfera no forma parte real de la Tierra, sino que parece añadida para comparar tamaños. Es de color azul intenso, con un aspecto luminoso y ligeramente transparente.

Debajo de esa esfera grande hay otra mucho más pequeña, también azul, colocada cerca de la misma zona geográfica.
Figura 4. De las tres esferas azules, la mayor representa toda el agua en la superficie del planeta, incluyendo la de los glaciares, la Antártida, mares y océanos, etc. La pequeña representa toda el agua dulce del planeta incluyendo glaciares y acuíferos, y la más diminuta de todas, apenas perceptible en el gráfico, el agua de ríos y lagos. Créditos: Howard Perlman, USGS/illustration by Jack Cook, WHOI.

A toda esta agua superficial hay que añadir la existencia de una cantidad importante de agua formando parte de las rocas y los minerales del interior de nuestro planeta, aunque es bastante difícil evaluar cuanta agua supone. Aquí las cifras son relativamente variables en función de las fuentes, pero apuntan a cantidades importantes de entre un 30 y un 85% del total de agua del planeta.

HACIA EL CENTRO DE LA TIERRA

Después de esta parada en la superficie, volvamos a nuestro viaje hacia el corazón del planeta, con una nave imaginaria que nos permita viajar a través de la geosfera. Por el camino veremos que, como ya pasara en la atmósfera, los materiales se estructuran en capas concéntricas que hacia el interior tienen cada vez más densidad, los elementos más pesados hacia el interior. En total, atravesar la geosfera son unos 6.380km.

Pero antes hay que hacer una advertencia, la estructura del interior del planeta es distinta a los ojos de la geología si hablamos de su composición (tipos de rocas y minerales que la forman) o si nos referimos a su estado físico: sólido y por tanto rígido, dúctil o semifundido y líquido, y con todos sus estadios intermedios.

Esto es importante ya que al igual que el hielo de un glaciar tiene la misma composición química que el agua que corre por un río o el vapor de agua de una nube, sus implicaciones en la dinámica planetaria son distintas. Es por esto que hacemos dos clasificaciones de las capas en el interior de la Tierra, una que tiene que ver con la composición en función de los tipos de roca y minerales y otra que tiene en cuenta esos estados físicos, lo que llamamos mecánica o reología en términos científicos. El conjunto de ideas que aportan ambas clasificaciones nos permite entender y explicar entre otras muchas cosas los mecanismos que mueven las placas tectónicas o por qué la Tierra tiene un campo magnético que nos protege del abrasador viento solar.

La estructura Interna en relación a la composición es bastante sencilla tenemos de fuera a dentro Corteza, Manto y Núcleo (Fig. 5, izquierda). La Corteza, donde dejamos aparcada nuestra nave interestelar y vivimos, se compone fundamentalmente de silicatos y apenas representa un 1% de la masa de la Tierra. Tiene un espesor bastante variable que puede ir desde los 6 hasta los 70-80 km y cuenta con todos los tipos de rocas: ígneas, sedimentarias y metamórficas. Un dato muy importante es que su densidad media es relativamente baja, se sitúa entre los 2,7-3 g/cm3

Esta baja densidad comparada con los materiales del Manto y Núcleo justifica su presencia en superficie. La Corteza es la capa más superficial porque acumula lo más ligero y flota. De igual forma que el agua del mar o de los ríos se sitúa sobre la superficie rocosa de la Corteza porque es menos densa que las rocas y por lo tanto flota sobre ellas. Recuerda que cuando tiras una piedra al mar esta se hunde porque es más densa que el agua. 

En esta clasificación composicional, inmediatamente debajo de la corteza se encuentra el Manto. Esta capa se extiende desde el final de la corteza hasta los 2.900km de profundidad, ocupa un 83% del volumen de la Tierra y el 68% de su masa. Se compone fundamentalmente rocas de silicatos ricos en magnesio (Mg) y hierro (Fe) como la Peridotita que presentan densidades altas de 3 a 4,5 g/cm3.

Y llegamos ya al corazón de la Tierra, el Núcleo, que se encuentra desde los 2.900 km de profundidad hasta el centro de la Tierra a 6.380 km. Es solo el 16 % del volumen del planeta, pero el 30% de su masa ya que está compuesto por los materiales más densos y pesados, fundamentalmente por una aleación de hierro y níquel con una densidad muy alta, de 9-13 g/cm3.

Esta estratificación de materiales cada vez más densos hacia el interior se define con la formación del planeta y es la que responsable de la dinámica de tectónica de placas de nuestro planeta.

Sin embargo, al entender la estructura interna del planeta desde el punto de vista de los estados de la materia la cosa cambia ligeramente. Hagamos esta última parte del viaje de nuevo, pero esta vez fijándonos en el estado de los materiales de la geosfera. Así, desde la parte más externa hacia el interior atravesaríamos primero la Litosfera, y luego la Astenosfera, la Mesosfera, el Núcleo externo y finalmente el Núcleo interno (Figura 5 derecha).

La Litosfera, con un espesor aproximado de unos 100 km incorporaría toda la corteza y la parte más superficial del Manto. Presenta un comportamiento general frágil (más rígido) a relativamente dúctil (se deforma sin romperse, algo parecido a la plastilina), variando en función de la presión y la temperatura y está segmentado en placas tectónicas (también llamadas placas litosféricas) que actúan en sus bordes. Esta Litosfera está separada mecánicamente de la capa inferior, la Astenosfera.

La Astenosfera se encuentra entre los 100km de contacto con la Litosfera hasta incluso los 600km de profundidad. Se presenta en un estado menos rígido, sobre todo hacia su parte superior. Esta capa más blanda permite el movimiento de las placas litosféricas de forma relativamente libre sobre ella.

Por debajo de la Astenosfera encontramos la Mesosfera (la parte inferior del Manto) y que acaba en la superficie del Núcleo (desde los  aproximadamente 600 km a los 2900 km). Aunque está en discusión, probablemente se encuentran en estado dúctil a semi-fundido. Esta capa es donde se transmite el calor del Núcleo hacia niveles más altos y donde se generan tanto plumas de calor verticales como células convectivas que finalmente serán las causantes de mover las placas continentales. 

El Núcleo Externo, desde los 2900 km y hasta los 5200 km de profundidad, está en estado líquido, a diferencia del Núcleo Interno (desde los 5.200 km hasta los 6.380km) que se encuentra en estado sólido. Se trata de un complejo núcleo metálico en el cual la parte exterior líquida rota en un sentido y la capa interior sólida rota en el sentido contrario. Este movimiento del núcleo interno y el núcleo externo que genera un efecto de enorme dinamo que produce nuestro campo magnético.

Y así llegamos al final de nuestro viaje, desde el espacio al corazón de la Tierra. Un camino que comenzamos a unos 10.000 kilómetros por encima de la superficie de la Tierra, desde el viento solar y la atmósfera hasta 6380 km en el interior de la Tierra.

Para que el viaje fuera relajado y rápido, no nos hemos detenido a indicar todas y cada una de las pruebas que nos permiten saber con razonable seguridad lo que nos encontramos a lo largo de este viaje. Como no podemos viajar realmente dentro de la Tierra, mucho de lo que sabemos de la composición interna del planeta tiene que ver con los meteoritos encontrados sobre la superficie del planeta y con algunos pedazos (pocos) del interior del planeta que han llegado a la superficie.  Mucho de lo que sabemos de la estructura de capas del interior del planeta tiene que ver con el estudio de las ondas sísmicas generadas por los terremotos y de las variaciones menores en los campos gravitatorio y magnético, pero todo eso es otra historia que contaremos en otro momento….



Para saber más…

Si tenéis curiosidad sobre los datos del agua en el planeta os recomendamos esta referencia:

¿Conoces los 200 lugares que cuentan la historia de la Tierra?

Un patrimonio de todas y todos

Imagina un cuaderno de 4.600 millones de años. Sus páginas no son de papel, sino de roca, fósiles y paisajes extraordinarios. Un cuaderno en el que cada capítulo habla de océanos desaparecidos, de colisiones y rupturas de antiguos continentes, de extinciones masivas, de los primeros rastros de vida…

¿Quién se encarga de conservar este cuaderno? Su autora, la Tierra, en lugares excepcionales donde ha dejado escrita su historia.

Desde 2022, la Unión Internacional de Ciencias Geológicas (IUGS) impulsa una misión: identificar y reconocer oficialmente esos capítulos esenciales de la historia de la Tierra. Lo hace a través de los Sitios del Patrimonio Geológico de la IUGS.

¿Qué son exactamente los Sitios del Patrimonio Geológico?

No se trata simplemente de paisajes bonitos, aunque muchos lo sean. Son algunos de los archivos científicos más importantes del planeta. Se trata de lugares que cumplen uno o varios de estos criterios:

  • Cuna de la ciencia: sitios donde se hicieron descubrimientos que cambiaron para siempre nuestra comprensión de la Tierra.
  • Modelo natural (in situ): las mejores demostraciones del mundo de un proceso geológico, como un volcán, un glaciar o una falla, o de una característica concreta: un tipo de roca o una estructura.
  • Ventana al pasado: lugares con fósiles o rocas que preservan hitos únicos de la historia de la vida y del planeta.

En pocas palabras, son los lugares imprescindibles de la geología mundial. Y aunque se empezó por 100, de hecho, ya vamos por 200 y se sumarán más.

Los Primeros y Segundos 100: Un Proyecto Global

Los Primeros 100 fueron anunciados en 2022 en un lugar ya de por sí espectacular: Zumaia, en el Geoparque Mundial de la UNESCO de la Costa Vasca (España), durante el 60º aniversario de la IUGS. La elección del lugar no fue casual, ya que simboliza muy bien la unión entre ciencia y patrimonio local.

Los Segundos 100 se dieron a conocer en agosto de 2024, durante el 37.º Congreso Geológico Internacional celebrado en Busan (Corea del Sur). Con estas dos selecciones contamos ya con una primera lista global representativa de la extraordinaria diversidad geológica de la Tierra.

El objetivo de la IUGS no es solo elaborar un listado. También pretende dar visibilidad internacional a estos sitios, crear un estándar científico de referencia y fomentar su conservación. Para ello, busca colaborar con instituciones nacionales, organizaciones como la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza), universidades, redes locales… porque la mejor protección nace del conocimiento y del orgullo de las comunidades.

España en el Mapa del Patrimonio Geológico Mundial

España, por su extraordinaria diversidad geológica, está representada en ambas listas. Aquí van algunos ejemplos:

El flysch de Zumaia (registro de la Costa Vasca, figura 1).

Es el lugar donde se presentó la primera lista. Sus espectaculares acantilados funcionan como un gigantesco código de barras de 60 millones de años. Cada capa es una página que registra, con enorme precisión, cambios climáticos globales y episodios tan importantes como la extinción de los dinosaurios.

Imagen de los flysch de Zumaia en la costa. En el centro se levanta una gran formación rocosa compuesta por capas muy finas y alargadas de color gris, beige y marrón claro. Estas capas están fuertemente inclinadas, casi en vertical, y forman una especie de pared puntiaguda que recuerda a un abanico de láminas de piedra apretadas unas contra otras. La roca principal ocupa casi toda la altura de la imagen y transmite una sensación de gran tamaño y verticalidad. Desde su base, las capas continúan extendiéndose hacia el primer plano en largas franjas paralelas que recorren el suelo como si fueran costillas de roca saliendo hacia quien mira la imagen.

En la parte inferior aparecen varios charcos de agua tranquila entre las franjas rocosas. En ellos se refleja de forma parcial y oscura la gran pared central, creando un efecto de simetría. Algunas superficies de roca están húmedas y muestran tonos más oscuros, con pequeñas zonas verdosas de algas o vegetación adherida. A ambos lados de la formación principal se observan laderas bajas y abruptas, cubiertas solo en parte por vegetación escasa. El cielo es claro y nublado, casi blanco, sin detalles destacados, lo que hace que toda la atención se concentre en la textura, la inclinación y la fuerza visual de las rocas. En conjunto, la imagen muestra un paisaje costero muy singular, áspero y espectacular, donde la erosión del mar ha dejado al descubierto las capas geológicas de forma muy marcada.
Figura 1: El Flysch de Zumaia (Costa Vasca – España) (Fuente: wikipedia)

La Caldera de Taburiente (La Palma, Islas Canarias): El Origen de una Palabra Universal (Figura 2)

Si hay un lugar que representa a la perfección cómo la observación de un paisaje puede dar nombre a un concepto científico mundial, ese es la Caldera de Taburiente, en el corazón de la isla de La Palma. Esta imponente estructura de 8 kilómetros de diámetro y más de 2.000 metros de profundidad no es solo un hito geológico; es, literalmente, el lugar que dio nombre a las «calderas volcánicas» en todo el mundo. A principios del siglo XIX, los primeros naturalistas que exploraron las islas Canarias quedaron tan impresionados por esta enorme estructura de paredes casi verticales que adoptaron el término local que los habitantes de la isla usaban para referirse a ella: caldera. Desde entonces, la palabra ha viajado por todo el planeta y hoy se utiliza en todos los idiomas para describir estas grandes depresiones volcánicas.

Pero la importancia de Taburiente va mucho más allá de su legado científico. Es un libro abierto donde se puede leer la evolución completa de una isla volcánica oceánica. En sus paredes y profundidades se han podido estudiar desde los inicios submarinos de la isla, con rocas que se formaron bajo el mar hace millones de años, hasta la construcción de los grandes volcanes que emergieron sobre la superficie. También se observan los efectos del calor del magma transformando las rocas circundantes y, por último, los procesos más destructivos: los gigantescos deslizamientos de tierra y la intensa erosión fluvial que, a través del barranco de Las Angustias, han ido esculpiendo la morfología actual de esta caldera.

Paisaje amplio de montaña correspondiente a la Caldera de Taburiente. En primer plano se ven varios pinos oscuros, desenfocados, que enmarcan la escena desde abajo y los lados. Al fondo aparece una gran depresión montañosa rodeada por crestas altas y abruptas. Las laderas son muy verdes, con barrancos profundos y marcados por la erosión. La luz del sol ilumina buena parte de la vegetación y resalta el relieve, creando contrastes entre zonas claras y sombras intensas. En la parte superior hay una franja de nubes blancas y densas que cubre parcialmente las cumbres, mientras detrás se aprecia un cielo azul. La imagen transmite sensación de amplitud, naturaleza volcánica y gran espectacularidad del relieve.
Figura 2: Vista de la caldera de Taburiente (fuente Wikipedia)

Estructura tectónica del macizo de Monte Perdido (Figura 3)

Hay un lugar que permite entender cómo nacen las grandes cordilleras, ese es el macizo de Monte Perdido, en el corazón de los Pirineos. Este imponente conjunto de montañas, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, es una ventana excepcional a los procesos que construyen las cadenas montañosas. Su valor radica en que muestra, de forma extraordinariamente clara, la relación entre dos fenómenos simultáneos: el crecimiento de la cordillera (la orogenia) y la formación de cuencas sedimentarias donde se acumulan los sedimentos arrastrados por la erosión. La acción del hielo durante las glaciaciones ha dejado al descubierto un apilamiento espectacular de estructuras tectónicas, como si las páginas de un libro de geología se hubieran abierto para que pudiéramos leerlas. En una sola sucesión de más de 1.500 metros de espesor se conserva un registro de 35 millones de años de historia, que documenta paso a paso cómo se levantaron estas montañas.

Pero Monte Perdido no solo cuenta la historia de los Pirineos; es un modelo de referencia mundial para entender cómo se forman las cordilleras. Aquí se pueden observar los grandes cabalgamientos, enormes bloques de roca que se desplazan unos sobre otros, responsables de elevar el macizo calizo más alto de Europa Occidental. Estas estructuras tectónicas afectan a rocas de diferentes edades, desde el Paleozoico hasta el Paleógeno. Por su excepcional valor científico y espectacularidad, este territorio está protegido no solo como Patrimonio Mundial, sino también como Reserva de la Biosfera, y además es un Geoparque Mundial de la UNESCO, lo que lo convierte en un recurso didáctico inmejorable para acercar a los estudiantes a los procesos que han modelado nuestro planeta.

Paisaje de alta montaña visto desde un sendero. En el lado derecho de la imagen aparece un camino estrecho, pedregoso y en ligera subida, bordeado por hierba verde. El valle se abre hacia el centro y el lado izquierdo, con una amplia pradera recorrida por un curso de agua sinuoso que desciende por el fondo. Las laderas del circo montañoso son escarpadas, rocosas y grises, con zonas de vegetación verde y manchas amarillas de flores o pasto en flor. Al fondo se eleva el macizo del Monte Perdido, con varias cumbres altas, de tonos grises y blanquecinos, casi desnudas de vegetación. El cielo es de un azul intenso y limpio, sin nubes. La imagen transmite sensación de grandiosidad, altura y paisaje glaciar modelado por la erosión.
Figura 3: Circo de Soaso y macizo del Monte Perdido, en el valle de Ordesa (Fuente: Wikipedia)

Iconos Mundiales de la Ciencia: Del «Tiempo Profundo» a la Fuerza de la Naturaleza

La lista está llena de lugares que son auténticas piedras angulares de la geología. Por ejemplo, entre los Primeros 100 se encuentra Siccar Point (Escocia). Este acantilado costero es nada menos que uno de los lugares donde nació la idea del tiempo profundo o tiempo geológico.

En 1788, James Hutton, considerado uno de los padres de la geología, observó allí cómo unos estratos rocosos verticales quedaban cubiertos por otros horizontales. Comprendió entonces que entre ambos episodios tuvieron que transcurrir periodos inmensos de erosión, sedimentación y levantamiento (figura 4). Aquella observación demostró que la Tierra debía de ser mucho más antigua de lo que se pensaba hasta entonces. Es, literalmente, una de las cunas del pensamiento geológico moderno.

Imagen de Siccar Point, un afloramiento costero donde se observa con claridad una discordancia angular. En la mitad derecha y en la zona inferior aparecen rocas más antiguas, oscuras y muy fracturadas, dispuestas en estratos casi verticales. Estas capas fueron primero sedimentadas, después deformadas y basculadas intensamente, y más tarde erosionadas. Sobre esa superficie erosionada se apoyan otros materiales más recientes, visibles sobre todo en la parte izquierda, de color rojizo y organizados en capas inclinadas de forma mucho más suave y casi horizontal en comparación con las anteriores. El contraste entre ambos conjuntos rocosos permite reconocer dos episodios geológicos muy distintos separados por un largo intervalo de tiempo.

La imagen muestra, por tanto, el contacto entre unas rocas antiguas deformadas y erosionadas y unos sedimentos posteriores depositados encima, lo que convierte este lugar en un ejemplo clásico para entender el tiempo geológico profundo. Al fondo se ve el mar, que corta el afloramiento y ayuda a dejar expuesta la estructura. La superficie de las rocas es irregular, rugosa y escalonada, con pequeñas fracturas, charcos y zonas erosionadas por la acción marina. En conjunto, la escena transmite la superposición de procesos geológicos sucesivos: sedimentación, deformación tectónica, erosión y nueva sedimentación.
Figura 4. Fotografía de Siccar Point (Fuente: Wikipedia)

Cruzando el Atlántico, Brasil aporta una trilogía geológica espectacular reconocida en estas listas:

El Pan de Azúcar y los Morros de Río de Janeiro (Figura 5)

Este icono mundial no es solo un paisaje hermoso. Es también un ejemplo clásico y muy didáctico de relieves graníticos y gnéisicos modelados por la erosión diferencial durante millones de años. Constituye una magnífica lección sobre cómo el clima tropical da forma a las rocas más resistentes.

Imagen panorámica de la bahía de Guanabara, en Río de Janeiro, con el Pan de Azúcar destacado en el centro del paisaje. En primer plano aparece una amplia zona urbana formada por numerosos edificios blancos, grises y beige, muy juntos entre sí, que ocupan la parte baja de la imagen. Más allá se abre una gran bahía de aguas tranquilas y azuladas, salpicada de pequeñas embarcaciones blancas. En medio del agua se distinguen varias islas y penínsulas cubiertas de vegetación.

Al fondo se eleva el Pan de Azúcar, una gran mole rocosa de forma redondeada y laderas muy empinadas, que sobresale de manera aislada junto al mar. Su superficie es oscura, con tonos grises y pardos, y está parcialmente cubierta por vegetación en las zonas más bajas. A su lado aparecen otros relieves similares, también escarpados, que forman un paisaje costero muy abrupto. Desde el punto de vista geológico, se trata de un domo de roca granítica modelado por la erosión, con esa forma lisa y maciza tan característica. Detrás se reconocen más montañas y entrantes de mar que se difuminan en la distancia. El cielo es azul claro, con nubes blancas y alargadas, y la luz es suave, lo que da al conjunto un aspecto amplio, luminoso y muy reconocible de la costa de Río de Janeiro.
Figura 5. El Pan de Azúcar y los Morros de Río de Janeiro – Brasil (Fuente: Wikipedia)

Las Formaciones de Hierro Bandado (BIFs) del Cuadrilátero Ferrífero (Minas Gerais) (Figura 6).

Estas rocas, que alternan capas ricas en óxidos de hierro con capas silíceas, son una prueba extraordinaria de cómo era la Tierra primitiva. Se formaron en los océanos arcaicos, hace más de 2.400 millones de años, y ayudan a entender la Gran Oxidación, uno de los acontecimientos más importantes en la historia de la biosfera. Además, constituyen una fuente fundamental de hierro, un elemento clave para el desarrollo de nuestra civilización.

Se observa un gran bloque de roca apoyado sobre la hierba, al aire libre. La pieza tiene forma irregular, ancha y maciza, con la parte superior quebrada y los bordes algo rugosos. Su superficie muestra un dibujo muy llamativo de bandas finas y onduladas que recorren toda la roca de lado a lado, como si fueran líneas de un relieve topográfico o las vetas de una madera, pero en piedra.

Predominan los tonos rojos oscuros y granates, alternando con líneas grises, negras y algunas franjas más claras. Estas capas aparecen muy apretadas entre sí y se curvan suavemente, creando un efecto visual de ondas o pliegues. El conjunto transmite una sensación de gran antigüedad y de formación lenta, capa a capa, a lo largo de muchísimo tiempo geológico.

El fondo de la imagen está desenfocado y muestra vegetación verde, lo que hace que la roca destaque todavía más por su color rojo intenso y por el patrón repetido de sus bandas.
Figura 6. Formaciones de Hierro Bandado (BIFs) (Fuente: Wikipedia)

Las Cataratas del Iguazú (Paraná) (Figura 7).

Más allá de su indudable belleza, son un laboratorio activo de geomorfología y evolución del paisaje. El enorme caudal del río Iguazú erosiona de forma intensa los basaltos de la Formación Serra Geral, lo que permite estudiar el retroceso de las cataratas y la formación de cañones casi en tiempo real. Son geodinámica en acción.

Imagen aérea de un gran sistema de cataratas rodeado de vegetación exuberante. En el centro destaca una enorme caída de agua en forma de anfiteatro o herradura, por la que el río se precipita con gran fuerza hacia un nivel inferior, levantando una densa nube de vapor blanco que oculta parcialmente el fondo. A ambos lados de esta caída principal se suceden numerosos saltos de agua menores, alineados a lo largo del borde del río, formando una extensa pared de cascadas escalonadas. El agua, de tonos azulados y blanquecinos, circula entre islas y plataformas cubiertas de vegetación verde intensa, que dividen el cauce en múltiples brazos antes de llegar al borde de las caídas. En la parte superior de la imagen el río aparece más ancho y tranquilo, mientras que en la zona central y baja se vuelve turbulento, espumoso y encajado entre las rocas. La escena transmite una gran sensación de fuerza, movimiento y amplitud, con el contraste entre la violencia del agua en caída y la continuidad verde del paisaje que la rodea.
Figura 7. Las Cataratas del Iguazú (Paraná – Brasil) (Fuente: Wikipedia)

Los libros de los 100 Sitios del Patrimonio Geológico: recursos didácticos de primer orden

Estos lugares conectan directamente con el currículo de Biología y Geología, así como con el de Geografía e Historia. No son algo abstracto:

  • Contextualiza: enseñar la erosión y el modelado del relieve encuentra un ejemplo perfecto en el Pan de Azúcar. Hablar de la historia temprana de la Tierra y de los recursos minerales se vuelve mucho más tangible con las BIFs de Minas Gerais. Explicar la energía de los sistemas fluviales se visualiza muy bien con Iguazú.
  • Humaniza la ciencia: contar la historia de Hutton en Siccar Point muestra cómo la observación del terreno puede generar auténticas revoluciones intelectuales. La geología deja de ser una lista de nombres de rocas para convertirse en una forma de pensar.
  • Localiza la ciencia global: demuestra que lugares como los ejemplos que hemos visto (España, Brasil o Escocia) no son meros receptores de conocimiento, sino protagonistas en la construcción de la historia de la geología mundial. Eso genera orgullo, pertenencia y compromiso.
  • Fomenta la conservación: entender que un paisaje como Iguazú es un laboratorio activo, o que las BIFs son un archivo de la vida primitiva, ayuda a construir una ética de conservación mucho más sólida que la basada solo en la estética.

Los libros (figura 8) los puedes descargar en la web (Primeros 100 y Segundos 100). Estos primeros y segundos 100 Sitios del Patrimonio Geológico son una invitación a leer el gran libro de la Tierra, y a conocer nuestra herencia común, que trasciende fronteras y que nos cuenta nuestra historia más profunda: la del planeta donde vivimos.

Imagen de dos libros colocados sobre un fondo blanco, presentados como si fueran una fotografía de catálogo. El libro del frente está ligeramente desplazado hacia la derecha y tapa parte del que aparece detrás. Ambos tienen una cubierta de diseño muy limpio y moderno, con predominio del color blanco y tipografía grande en colores vivos. En la portada del libro delantero se lee “THE SECOND 100 IUGS GEOLOGICAL HERITAGE SITES”, con el número “100” en gran tamaño y color verde amarillento, ocupando casi toda la parte central. En la esquina inferior izquierda aparece el año “2024” dentro de un pequeño recuadro azul oscuro. Detrás se ve parcialmente el segundo libro, titulado “THE FIRST 100 IUGS GEOLOGICAL HERITAGE SITES”, con un diseño similar, aunque en este caso el número grande está en tonos anaranjados. También se aprecia el lomo de ambos volúmenes, donde vuelve a repetirse el título en vertical. La imagen transmite la idea de una colección o serie editorial dedicada a lugares de patrimonio geológico, con una presentación sobria, académica y muy visual.
Figura 8: Los libros de los 100 Sitios del Patrimonio Geológico (Fuente: IUGS)

Geología desde Ávila en la GeoQuedada 2025: un encuentro inspirador

El pasado fin de semana, del 24 al 25 de mayo, Geología desde Ávila participamos en la GeoQuedada 2025, organizada por el colectivo GeoDa Divulga en el espectacular entorno de las Arribes del Duero, en la provincia de Salamanca.
Aunque no pudimos asistir a las actividades del viernes (nos quedamos con las ganas de conocer la Sala de las Tortugas de la USAL, y el seguro maravilloso Taller de Estrellas de Nahúm Méndez (@UnGeólgoEnApuros), sí estuvimos durante todo el sábado y el domingo, compartiendo experiencias, aprendiendo de otros proyectos y disfrutando de la geología y del entorno.

Nuestra intervención tuvo lugar el sábado por la mañana, en el espacio cultural La Panera de Aldeadávila de la Ribera. Allí, Anabel Casado presentó la comunicación «Geología desde Ávila, un proyecto colectivo y horizontal hecho por geólogas y geólogos multidisciplinares», donde explicamos cómo surge y se desarrolla nuestro proyecto desde una perspectiva colaborativa, inclusiva y comprometida, y siempre disfrutando.

La imagen está dividida en dos partes. A la izquierda, sobre un fondo violeta con estrellas y dibujos decorativos, aparece una fotografía en primer plano de Ana Isabel Casado, una mujer de cabello largo y oscuro, sonriente, con una chaqueta vaquera, frente a un muro de calizas. Encima de su foto, se lee el título: "Geología desde Ávila, un proyecto colectivo y horizontal hecho por geólogas y geólogos multidisciplinares". Debajo de la imagen, aparece su nombre: "Ana Isabel Casado", junto a iconos decorativos de una cara sonriente y una estrella.

A la derecha, sobre fondo claro con una fotografía de fondo desenfocada de una calle con árboles y piedra, aparece un texto titulado: “¿Quién es Ana Isabel y por qué debía venir a hablarnos?”. El texto describe que Ana Isabel es doctora en Geología por la UCM, especializada en caracterización físico-química de materiales geológicos mediante espectroscopía Raman. Trabaja en el CIEMAT y es profesora asociada en la Universidad Rey Juan Carlos. También se resalta su amplia trayectoria en divulgación, participando en eventos como las Geolimpiadas, la Noche Europea de los Investigadores e Investigadoras o la Semana de la Ciencia. Al pie del texto aparece el logotipo de la asociación GEODA.
Imagen 1: Cartel de presentación creado por GEODA para anunciar la participación de Anabel en el encuentro.

A través de esta charla mostramos algunas de nuestras iniciativas más representativas, como el Geolodía de Ávila, las GeoCharlas en centros educativos, las musealización geológica del Centro de Interpretación de las Lagunas de El Oso y, por supuesto, este blog que tantas alegrías nos da; destacando el uso de metodologías participativas, el enfoque intergeneracional y la apuesta por la accesibilidad como señas de identidad.

La imagen muestra a Ana Isabel Casado, vestida con un conjunto verde, de pie en el escenario del auditorio mientras habla con un micrófono en la mano. Detrás de ella hay una pantalla de proyección con una presentación poco visible por el brillo, sobre Geología desde Ávila. A un lado del escenario hay una mesa con un ordenador portátil, cables y equipo de sonido. Frente al escenario, se ven varias personas sentadas en las butacas rojas del público. En el frontal del escenario hay un cartel con la palabra "Aldeadávila" y varias imágenes decorativas relacionadas con la geología o el entorno natural. El auditorio tiene paredes rosadas, cortinas granates y techo blanco con luces de panel.
Imagen 2: Anabel Casado, integrante del proyecto Geología desde Ávila, durante una charla divulgativa donde presentó su trayectoria como geóloga y divulgadora, así como las claves del enfoque colectivo y multidisciplinar del grupo. Fotografía de Geoda.

El programa del sábado incluyó también las intervenciones de Jabito Jablonski (@MuseodelaFalla), con su experiencia en el Museo de la Falla de Juzbado; Marisa Castiñeira (@mcastigarcia), que compartió estrategias para enseñar geología en secundaria; Marta Rincón (@Falladamente) con su propuesta para modelizar en secundaria procesos volcánicos de manera sencilla; y Rafael Fort (@IGEO), quien nos habló sobre la puesta en valor del patrimonio geológico.

La tarde continuó con un crucero fluvial por el Duero, saliendo del embarcadero de Aldeadávila. Gracias a las explicaciones de Elvira (https://www.corazondelasarribes.com/) conocimos cómo el Duero fue y sigue siendo una frontera natural entre España y Portugal con una historia compartida. Este valle fue lugar de contrabando en una y otra orilla en época de dictadura. Nos contó cómo era la realidad de las familias que vivían de las cabras y que se encontraron en este lugar hasta casi los años 60 del siglo pasado, utilizando todos los recursos disponibles y agudizando al máximo su ingenio; y también conocimos las singularidades de este lugar que permite la presencia de gran cantidad de especies de fauna y flora, destacando las aves como el buitre leonado, el alimoche o el águila real.

Fotografía tomada desde una embarcación navegando por el río Duero a su paso por los Arribes, una zona de profundo encajamiento fluvial en la frontera entre España y Portugal. En el centro de la imagen se aprecia la estela blanca que deja el motor de la barca sobre las aguas verdosas del río, que brillan con la luz del sol. A ambos lados se elevan abruptamente laderas cubiertas de vegetación densa, con afloramientos rocosos visibles entre los árboles. El cielo está completamente despejado y azul. La escena transmite la majestuosidad del paisaje natural protegido de los Arribes del Duero, con sus impresionantes cañones y biodiversidad.
Imagen 3: Vistas desde el crucero fluvial por el río Duero, en el Parque Natural Arribes del Duero. La imagen muestra el encajamiento fluvial característico de la zona, con laderas abruptas cubiertas de vegetación, mientras se ve la estela del barco por estas aguas fronterizas entre España y Portugal. Fotografía de Anabel Casado

Después del crucero, hicimos una ruta geológica al Picón de Felipe, uno de los miradores más emblemáticos del Parque Natural Arribes del Duero que debe su nombre a una leyenda sobre el amor imposible entre un español y una portuguesa. Desde este impresionante balcón natural, se pueden admirar las vistas del cañón del río Duero, que en esta zona alcanza profundidades de hasta 500 metros, creando un paisaje de paredes graníticas casi verticales. Al fondo, en la zona más estrecha del cañón, podemos ver La Presa de Aldeadávila, una joya de la ingeniería hidroeléctrica construida entre 1956 y 1963 que alberga dos centrales hidroeléctricas que juntas son las más productivas de España. Esta presa puede resultarte familiar ya que ha sido escenario de varias producciones cinematográficas como «Terminator: Dark Fate» y «Fast and Furious 10».

Ana Isabel con chaleco reflectante amarillo fosforito y camiseta roja observa el paisaje desde un mirador rocoso con barandilla metálica (el mirador de Felipe), en lo alto de un profundo cañón del parque natural de los Arribes del Duero. Frente a ella, al fondo del barranco, fluye el río Duero encajado entre paredes verticales de roca. Se distingue una presa hidroeléctrica con compuertas y un conjunto de cables de alta tensión que atraviesan la garganta. El paisaje combina vegetación dispersa en las laderas, formaciones rocosas y una vista impresionante del valle. La luz del sol, en ángulo, proyecta sombras alargadas y realza los contrastes del terreno.
Imagen 4: Anabel observando el impresionante cañón del Duero desde un mirador en el Parque Natural Arribes del Duero. Al fondo se distingue la presa de Aldeadávila, una de las más emblemáticas infraestructuras hidroeléctricas de España, encajada entre las escarpadas paredes rocosas del valle. Fotografía de Eduardo Cuadra.

El domingo por la mañana, para cerrar esta edición de la Geoquedada 2025, visitamos el Pozo de los Humos. Con ese nombre se conoce al conjunto de saltos de agua de más de 50 metros de desnivel controlado por el sistema de fallas y diaclasas en el contacto de rocas graníticas con rocas metamórficas. Una visión impresionante aún teniendo menos agua en esta época del año.

Imagen panorámica de un valle profundo cubierto de vegetación densa en el Parque Natural de los Arribes del Duero. En el centro, destaca una cascada alta que se precipita desde un risco rocoso hasta una poza oscura en el fondo del barranco. El agua continúa descendiendo en pequeños saltos hacia un cauce más estrecho. Las paredes del desfiladero están formadas por afloramientos de roca granítica, cubiertos parcialmente por árboles y matorral. En primer plano, se observa una gran roca gris con líquenes. El cielo está despejado y la escena transmite una sensación de frescura, verticalidad y naturaleza salvaje. La cascada es el Pozo de los Humos, uno de los paisajes más emblemáticos de los Arribes del Duero.
Imagen 5: Vista panorámica del Pozo de los Humos, una espectacular cascada en el Parque Natural Arribes del Duero. El agua cae desde una gran pared rocosa hasta una poza profunda rodeada de vegetación, creando uno de los paisajes más emblemáticos de la zona.

De esta reunión nos quedamos con poder desvirtualizar a compañeras y compañeros de la divulgación que conocíamos a través de redes y con quienes compartimos inquietudes y admiración mutua desde hace tiempo. Vernos cara a cara, intercambiar ideas, y reconocer en cada proyecto una parte del entusiasmo colectivo por divulgar la geología fue, sin duda, uno de los grandes regalos de la GeoQuedada.

Queremos agradecer a la organización de Geoda, y en especial a Daniel H. Barreña (HombreGeológico), por la cálida acogida, la impecable coordinación y por haber creado un espacio donde la geología se vive, se siente y se comparte. Y a todas las entidades y personas que han apoyado este encuentro, y han participado en él (GeoCastAway, Ekobideak, ViajandoConCiencia…) Volvemos con nuevas ideas, la mochila llena de inspiración y muchas ganas de seguir construyendo comunidad geodivulgadora.

Fotografía grupal tomada en el interior de una embarcación acristalada con cubierta translúcida, rodeada de vegetación. Aparecen 18 personas adultas, hombres y mujeres, algunas de pie y otras agachadas en primera fila, posando y sonriendo a cámara. Llevan ropa informal, camisetas con mensajes o logotipos relacionados con la geología o la ciencia, y varias personas llevan gafas de sol. En el fondo se ve un paisaje arbolado a través de las paredes de cristal. Se trata de un grupo de divulgadoras y divulgadores de la geología en la excursión por los Arribes del Duero.
Imagen 6: Foto de grupo de participantes en la Geoquedada 2025, celebrada en el Parque Natural Arribes del Duero. Fotografía de Geoda.

Prepárate para el Geolodía 2025. ¡La muralla de Ávila se llena de la Historia de la Tierra!

Un año más, desde Geología desde Ávila tenemos el placer de anunciar que vuelve el Geolodía. En esta edición 2025, os proponemos un emocionante recorrido geológico por uno de los grandes iconos de nuestra provincia: la muralla de Ávila.

El Geolodía Ávila 2025 se celebrará el domingo 11 de mayo y, como siempre, será una actividad gratuita y abierta a todos los públicos, sin necesidad de inscripción previa. Solo será necesario registrarse en el punto de salida, situado en la Puerta del Carmen (frente al Centro de Congresos Lienzo Norte), entre las 9:30 y las 12:30 h.

Durante el recorrido, invitamos a peques y mayores a descubrir cómo ha cambiado la Tierra a lo largo del tiempo. Para ello, contaremos con cuatro carpas temáticas dedicadas a los distintos eones geológicos, donde nuestro equipo de voluntarias y voluntarios —geólogas, geólogos y amantes de la divulgación— explicarán la evolución del planeta desde sus orígenes hasta hoy.

Además, se entregará una guía de campo impresa, con actividades y pasatiempos que irás completando con los sellos de cada eón, sin dejar de visitar la carpa inicial y la final para hacerte con los 6 sellos. ¡Complétalos todos y consigue el premio final!

El Geolodía es una iniciativa de ámbito estatal que se celebra simultáneamente en todas las provincias españolas, con el objetivo de acercar la geología a la sociedad a través de itinerarios guiados, accesibles y gratuitos. En Ávila, volvemos a apostar por una propuesta inclusiva, participativa y educativa, pensada para todos los públicos, desde personas curiosas hasta auténticos fans de la Tierra.

Os esperamos el 11 de mayo para disfrutar de una jornada de geología histórica al aire libre y redescubrir nuestro planeta con otros ojos: los ojos de la geología.

Tienes toda la información en nuestra web.

Paleocanales y paleogeografía. “Y sin embargo se mueve”

Texto, gráficos y fotografías – Ana Isabel Casado
Fotografías y modelo 3D- Javier Elez

Cuando miramos el paisaje que nos rodea, tenemos delante de nuestros ojos una postal del viaje que estamos haciendo, la instantánea de «cómo son las cosas» en este momento.

Pero observando un poco más, podemos hacernos preguntas y pensar de qué manera se ha llegado a formar este paisaje, como sucede en el abanico aluvial de la Garganta de Santa María, en Candeleda, Ávila (fig. 1).

Vista de la Garganta de Santa María, en Candeleda, Ávila, en un momento con poca corriente de agua. Fotografía de Javier Élez.
Fig.1: El río Garganta de Santa María a su paso por el puente de la Barranca (Candeleda, Ávila). En el momento de la fotografía, el río no lleva una gran fuerza, al contrario que cuando recibe aportes extra de agua (por ejemplo con el deshielo en las montañas de Gredos). Aún así, vemos grandes bloques de granito que han sido transportados por el agua hasta el lugar en el que se encuentran ahora. Por ello, podemos deducir que el agua transportó esos grandes bloques en momentos de mayor energía, formando el abanico aluvial de Candeleda.  Fotografía de Javier Élez.

No nos cuesta imaginar que esa corriente de agua, que se oye como un susurro, aumentará su caudal en momentos de avenidas torrenciales (por tormenta o tras el deshielo) teniendo la fuerza necesaria para mover grandes bloques de piedra desde las montañas.

Así bajaba el río el 07/03/2013, tras unos días de intensa lluvia junto con el deshielo de la nieve acumulada en las cumbres de Gredos. Vídeo de Luis Blázquez.

Estos bloques de piedra se irán fragmentando y redondeado al chocar unos con otros según se desplazan aguas abajo (fig. 2).

Fig. 2: Bolos redondeados aguas abajo del río Garganta de Santa María, en Candeleda, Ávila. Imagen de Ana Isabel Casado.

El agua erosiona, transporta y sedimenta

El agua es una trabajadora incansable. A veces con menos fuerza y otras con más. Manteniendo en suspensión arcillas (partículas tres veces más pequeñas que el diámetro de un pelo humano) o empujando grandes bloques. O mejor dicho, todo al mismo tiempo.

A grandes rasgos, se pueden diferenciar cuatro formas de transporte del sedimento en el curso fluvial en función de su tamaño, su forma y la energía del agua (fig. 3):

  1. Las partículas más pequeñas (habitualmente con formas laminares), las que estudiamos mejor con ayuda de los microscopios, son capaces de viajar en el agua en suspensión.
  2. Las de tamaño intermedio, las que vemos a simple vista y nos caben en la palma de la mano, pueden moverse por saltación gracias a pequeños choques con el fondo o con otros clastos (rocas o fragmentos de roca). Esto les permite continuar su movimiento hacia delante cuando aparentemente se iban a depositar.
  3. Con este mismo tamaño, o incluso algo más grandes, hay piedras que pueden rodar por el lecho del río gracias a que se van desgastando y van tomando formas cada vez más esféricas.
  4. Las rocas más grandes, por lo general también las más angulosas, se mueven por arrastre pegadas al fondo del río.
Representación esquemática de las formas de transporte de sedimento por corrientes fluviales. Figura de Ana Isabel Casado.
Fig. 3: Representación esquemática de las formas de transporte de sedimento por corrientes fluviales. Existe una relación directa entre el tamaño del material que se transporta y la energía del agua del río. No es necesaria demasiada energía para mover sedimentos de pequeño tamaño como las arcillas ya que se encontrarán en suspensión en el agua. Partículas algo mayores se mueven por saltación, siendo necesaria más energía para que esto se produzca. Si la energía aumenta, también se pueden mover bloques mayores que, dependiendo también de su forma, pueden moverse por rodadura si son más redondeados (como si fuera un balón) o por arrastre pegados al fondo cuando tienen una forma más aerodinámica (cantos planos rodados). Figura de Ana Isabel Casado.

Cuando el río baja cargado de agua, se lleva consigo todo aquello que es capaz de mover, tanto lo grande como lo pequeño, no hace distinción. Es lo que se conoce como sedimento no seleccionado.

Según va perdiendo energía va dejando a su paso las rocas más pesadas, con las que ya no puede cargar. Por eso, cuanto más aguas arriba, más grandes son las piedras. Y es aquí donde se generan las zonas diferenciadas del abanico.

Y es que no hay que olvidar que:

  • El río erosiona arrancando el material a la montaña.
  • El río transporta moviendo el sedimento con la energía del agua.
  • El río también sedimenta, soltando la carga que lleva en su viaje cuando ya no tiene fuerza para transportarla más.

Paleocanales, los canales antiguos

Cuando el río se encauza, tiene un espacio que va desde el lecho hasta la superficie del agua que se conoce como espacio de acomodación (fig. 4) y que no es otra cosa que el hueco del que dispone para fluir.

Este espacio puede disminuir o rellenarse de sedimento y no dejar hueco para el agua, que debe buscar zonas más bajas por las que discurrir.

El espacio de acomodación es el "hueco" que existe desde el lecho hasta la superficie del agua. Este espacio puede disminuir porque el caudal de agua sea menor y se puede ir rellenando progresivamente hasta desaparecer. En ese momento el agua buscará nuevos caminos por los que le resulte más fácil circular (generalmente con topografías más bajas), cambiando su curso. Figura de Ana Isabel Casado.
Fig. 4: El espacio de acomodación es el «hueco» que existe desde el lecho hasta la superficie del agua. Este espacio puede disminuir porque el caudal de agua sea menor y se puede ir rellenando progresivamente hasta desaparecer. En ese momento el agua buscará nuevos caminos por los que le resulte más fácil circular (generalmente con topografías más bajas), cambiando su curso. Figura de Ana Isabel Casado.

Estos procesos de relleno de canales fluviales y búsqueda de nuevos canales laterales, que en Candeleda suceden desde el Pleistoceno (2,5 millones de años), hacen que se sucedan lóbulos de sedimento de manera radial desde el ápice, como ya vimos en la entrada sobre qué es un abanico aluvial.

El abanico aluvial de Candeleda, la huella de una montaña vaciada.

En Candeleda se pueden reconocer al menos 7 canales anteriores al canal actual, numerados desde el más antiguo (canal 0) al más moderno (canal 6).

En la fig. 5 se muestran estos canales coloreados en escalas de verdes en el modelo 3D del abanico aluvial de Candeleda.

Sobre el mapa geomorfológico del abanico, se ha representado la paleogeografía de los distintos depósitos que han existido en el pasado y que aún podemos reconocer.

Vemos que el canal principal migró de Este a Oeste (canales 0, 1 y 2) y posteriormente de Oeste a Este (canales 3, 4, 5 y 6) hasta ubicarse donde se encuentra activo actualmente.

Modelo 3D del abanico de Candeleda con la posición de sus paleocanales (canales antiguos) numerados del 0 al 6 y el canal actualmente activo en color verde más claro. En la leyenda se pueden ver sus edades tentativas y sus relaciones temporales, ordenador del más antiguo (abajo) al más moderno (arriba) como indica la flecha rosa.  Modelo 3D de Javier Élez.
Fig. 5: Modelo 3D del abanico de Candeleda con la posición de sus paleocanales (canales antiguos) numerados del 0 al 6 y el canal actualmente activo en color verde más claro. En la leyenda se pueden ver sus edades tentativas y sus relaciones temporales, ordenados del más antiguo (abajo) al más moderno (arriba) como indica la flecha rosa.  Modelo 3D de Javier Élez.

Sabiendo cuál es la dinámica de este tipo de sistemas, podemos deducir que el abanico se ha formado por la sucesiva acumulación de bolos cuando el canal principal del río ha ido cambiando de posición.

Lo que vemos en el paisaje son los sedimentos de los paleocanales, los antiguos canales del río Garganta de Santa María, que el río fue abandonando hasta llegar al canal que vemos ahora activo (fig. 6).

Fig. 6: Paleocanal que aún conserva su morfología de canal a pesar de estar colonizado por plantas. Fotografía: Ana Isabel Casado.

Así que no debemos olvidar que, en los sistemas de abanicos aluviales, los lóbulos y sus canales cambian mucho de posición.

En la postal que vemos en este momento el canal del río parece estático pero, como hipotéticamente diría Galileo, «y sin embargo se mueve«.

¿Sabías que…

El prefijo Paleo- proviene de la palabra griega palaios (παλαιο) y significa «antiguo» o «muy viejo»? Es un prefijo que se utiliza muchísimo en Geología. Por ejemplo, en Paleontología, que etimológicamente significa «estudio de lo antiguo». Así que cuando leemos una palabra con el prefijo paleo- ya sabemos que nos define algo propio de tiempos pretéritos, no actual. En esta entrada se han explicado qué son los paleocanales (canales antiguos, que no funcionan actualmente como canales) y paleorrelieves (la forma que tenía la superficie del terreno en la antiguedad propia del sistema sedimentario que estaba funcionando en ese momento). Otros ejemplos de palabras con el mismo prefijo son: paleolago, paleoantropología, paleosistema, paleolítico, paleobotánica…

Bibliografía

¡Vuelve la geodivulgación en el campo!

Volvemos a la actividad geodivulgadora retomando la ruta que nos quedó pendiente en los dos pasados Geolodías (2020 y 2021). Será el próximo domingo 24 de octubre en Candeleda, Ávila.

En este caso lo llamamos Geocharlas, pero la dinámica de la actividad será la misma:

  1. Actividad gratuita y para todos los públicos.
  2. No requiere de inscripción previa. No hay plazas limitadas, aunque es posible que tengamos que organizar grupos en el lugar de inicio por cuestiones logísticas y de prevención (todavía tenemos la Covid-19 rondando). No te preocupes, no tendrás que esperar demasiado.
  3. Ruta autoguiada. Sigue la ruta indicada y en el camino encontrarás paradas geológicas en las que profesionales de la geología te explicarán qué puedes ver en el paisaje más allá de lo evidente.

Esta actividad se enmarca dentro de la iniciativa Geocharlas, de la Comisión de Mujeres y Geología de la Sociedad Geológica de España. Organizada por Geología desde Ávila en colaboración con el Ayuntamiento de Candeleda.

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¿Pueden vivir los fósiles? Un «fósil viviente» en Ávila

Texto Fina Muñoz

Imagen destacada TheUjulala en Pixabay

Unos meses después de celebrar el Geolodía 2019 en Ávila, nos sorprendió la noticia del descubrimiento de un organismo en las lagunas de El Oso que existe desde hace 250 millones de años (Pérmico).

Es un animal conocido comúnmente como «tortuguilla colilarga» (Triops cancriformes), una especie de crustáceo al que le gusta habitar los humedales de agua dulce. Su nombre científico se debe a que tiene tres ojos, dos compuestos y uno de tipo ciclópeo.

Este curioso animalito ya era conocido en otros lugares del norte de Europa. Sin embargo, el hallazgo en las lagunas de El Oso tiene gran importancia por ser la población más occidental en la que se ha hallado. Se cree que las aves migratorias han podido dispersar sus huevos trasladándolos en el interior de su sistema digestivo.

Laguna de El Oso, en la comarca de La Moraña, Ávila, España. Foto de Gabriel Castilla.

Qué es un fósil viviente

La expresión «fósil viviente» se usa a menudo cuando se habla de una especie dentro de los seres vivos que:

  • No se ha extinguido.
  • No ha sufrido cambios genéticos significativos en los últimos milenios.
  • Y no ha dado lugar a especies nuevas.

En consecuencia, una especie fósil viviente será considerablemente parecida a una que ha sido identificada también a través de fósiles.

Esta podría ser la definición no oficial de un término que no es rigurosamente científico, ya que carece de precisión. En concreto, en la dimensión tiempo y cambio genético. Todo lo contrario del concepto de fósil guía que desarrollaremos en otra entrada de este blog.

Pero, ¿qué es un fósil?

Un fósil es cualquier resto o señal de actividad de los seres vivos que ha quedado grabada en las rocas, siendo lo mas habitual encontrarlos en las rocas sedimentarias .

En este concepto se incluyen los restos de cualquier parte de los cuerpos de animales, plantas u otros seres vivos, hasta sus huellas de desplazamiento (bioturbación, icnitas), sus huevos o incluso sus excrementos (coprolitos).

La Paleontología es la rama de la ciencia que estudia los fósiles y que encontramos integrada tanto en la Geología como en la Biología, puesto que a partir de esos restos se puede extraer información del medio en el que habitaban (Paleogeografía) y de las relaciones con el entorno (Paleoecología) de los seres vivos que las produjeron.

SABÍAS QUE… Los fósiles son piedras, resultado de la transformación del resto del ser vivo original mediante una serie de complicados procesos físicos y químicos durante el enterramiento en el sedimento.

Fósil viviente y Paleontología

Los fósiles vivientes nos informan por tanto de las condiciones geográficas y ecológicas del medio donde se originaron esos seres vivos que han logrado perdurar tanto tiempo sin alterarse.

La relación entre fósil viviente y Paleontología es directa, ya que los «fósiles vivientes» dan muchísima información sobre el proceso de la evolución biológica y el medio sedimentario donde habitaban en el pasado.

No te pierdas el programa ¡Qué animal! de La2 dedicado a los fósiles vivientes.

Veamos sólo algunos ejemplos de estos animales que han formado parte de la historia de la Tierra desde hace miles o millones de años en algunos casos. Existen muchos más y muy interesantes. ¡Quizá tienes un fósil viviente de mascota y no te has enterado!

Algunos ejemplos de «fósiles vivientes»

Explora la infografía y sus elementos interactivos para ver la información de cada ejemplo de fósil viviente relacionado con el período geológico en el que aparecieron.

undefined SABÍAS QUE… El ginkgo es uno de los árboles más longevos. Puede alcanzar los 1500 años de edad. Capaz de resistir las extinciones atravesadas en sus 270 Ma de existencia, se empeñó en darnos pruebas de ello siendo una de las primeras especies en colonizar Hiroshima tan sólo un año después de las detonaciones de la bomba nuclear en 1945.

Fuentes de consulta